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Crisis en Mar del Plata: el cierre de 40 comercios enciende alarmas y deja 400 empleos en riesgo

La ciudad atraviesa una de las peores caídas de actividad de los últimos años: locales que bajan la persiana, alquileres impagables y un consumo que no repunta. Comerciantes hablan de un “quiebre” en la temporada y temen un impacto profundo en la vida cotidiana del territorio.

Hay momentos en que una ciudad respira distinto, como cuando en el campo el viento cambia de golpe y uno sabe que la jornada no será igual. Eso parece estar pasando en Mar del Plata, donde el cierre de 40 comercios en pocas semanas dejó una sensación de desacomodo que se siente en cada calle del centro y de los barrios. No es solo una cifra: detrás hay persianas bajas, carteles de “se alquila” y familias que miran el futuro con preocupación.

Los comerciantes hablan de un escenario que no veían desde hace años. La caída del consumo, los alquileres que se volvieron imposibles y los costos fijos que no dan respiro armaron una tormenta perfecta. En algunos casos, los locales cerraron después de décadas de actividad. “No llegamos a cubrir ni lo básico”, repiten quienes intentan sostener sus negocios en medio de una temporada que no dejó el movimiento esperado.

En la zona de Güemes, en el microcentro y en los corredores comerciales más tradicionales, la postal se repite: vidrieras vacías, luces apagadas y un silencio que contrasta con el bullicio habitual. Para muchos marplatenses, la ciudad vive un momento que recuerda a esos inviernos largos en los que el turismo no alcanza para sostener la rueda. Pero esta vez, dicen, el problema es más profundo.

Los números preocupan. Según las cámaras empresarias, unos 400 empleos están en riesgo, entre trabajadores formales, contratados y changarines que dependen del movimiento diario. En una ciudad donde el empleo comercial es uno de los motores de la economía local, cada cierre repercute como una piedra en el agua: afecta al proveedor, al repartidor, al kiosco de la esquina y al transporte.

Los comerciantes coinciden en que el quiebre se dio entre marzo y mayo, cuando la caída del consumo se volvió más marcada. Algunos hablan de ventas que bajaron entre un 40% y un 60%. Otros directamente señalan que “la gente compra lo justo y necesario”. La incertidumbre económica se siente en cada mostrador, y muchos locales que venían resistiendo ya no pudieron sostenerse.

En los barrios, la situación también se hace visible. Pequeñas despensas, casas de comida y locales de servicios —los que suelen aguantar más— empezaron a cerrar o a reducir horarios. Para los vecinos, esto cambia la vida cotidiana: menos opciones, más distancia para hacer compras y un clima general de preocupación que se cuela en cada charla.

Las cámaras empresarias piden medidas de alivio: reducción de cargas, facilidades impositivas y algún tipo de acompañamiento para sostener el empleo. No hablan de soluciones mágicas, sino de herramientas que permitan atravesar un momento que describen como “crítico”. En Mar del Plata, donde la economía siempre tuvo un pulso propio, la sensación es que esta vez el golpe fue más parejo y alcanzó a todos los rubros.

En paralelo, algunos comerciantes intentan reinventarse: promociones, ventas online, horarios extendidos. Pero reconocen que, sin un repunte del consumo, es difícil sostener cualquier estrategia. El temor es que el invierno profundice la caída, un miedo que se escucha en cada corredor comercial.

La ciudad, acostumbrada a los vaivenes de la temporada, enfrenta ahora un desafío distinto: recuperar el movimiento en un contexto donde la gente cuida cada peso. Y aunque nadie pierde la esperanza, todos saben que el camino será largo. Como en el campo después de una helada fuerte, la recuperación no llega de un día para otro.

Mar del Plata sigue en pie, pero con un pulso más lento. Y en ese ritmo, comerciantes y vecinos esperan que el viento vuelva a cambiar, esta vez para mejor.

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