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Cuando el puerto se acerca al campo: el hilo invisible que une los barcos del Quequén con la tranquilidad de Claraz

El programa Puerto Ciudad recorrió escuelas rurales y urbanas del distrito con charlas sobre prevención y cultura portuaria, en tres jornadas donde el conocimiento del territorio sirvió para proyectar el futuro.

Hay días en que el viento del mar cruza los campos de Quequén y llega limpio hasta las estaciones tranquilas del interior del distrito. En esos pueblos donde el ritmo lo marcan las campañas agrícolas y el paso de los camiones hacia la costa, los muchachos jóvenes se hacen preguntas sobre lo que hay más allá del horizonte. Entre el 23 y el 25 de septiembre, el programa Puerto Ciudad, conducido por el licenciado Luis Pedone desde el Consorcio de Gestión, anduvo recorriendo las aulas para tender un puente entre la tierra adentro y las golondrinas de hierro que flotan en la escollera.

La primera parada de este viaje fue en la Escuela N.º 12 de Claraz, una localidad donde el silencio del campo abruma y las oportunidades requieren empeño. Allí, unos 38 adolescentes se sentaron a conversar sin rodeos con Pamela Klink, Alejandro Rodríguez e Iván Sureda sobre las tentaciones y los peligros que acechan en estos tiempos de pantallas, vapeadores, alcohol y cannabis. Un testimonio de recuperación puso la pelota en el piso para hablar de segundas oportunidades y de cómo gambetear los tropiezos de la vida.

Más cerca de la costa, la conversación tomó otro color entre los guardapolvos blancos de la Escuela Primaria N.º 35 y los chicos del Jardín N.º 917 “Los Girasoles”. Unos 56 alumnos siguieron con atención el relato de Pamela Klink, Martín Petersen y Azul Tomalino sobre el ir y venir de las aves, los lobos marinos en las piedras y el trabajo silencioso de los remolcadores que atracan los buques en el río. A través del mural “Reflejos”, los más chicos descubrieron que el puerto es también paisaje, memoria colectiva y orgullo de toda la región.

Para quien ha visto pasar las décadas al lado del arado, estás iniciativas recuerdan que nadie puede querer ni cuidar lo que no conoce desde la cuna. Ya sea entendiendo hacia dónde viajan los granos que se cosechan en nuestros campos o aprendiendo a decir que no frente a una mala decisión, la juventud necesita un rumbo claro para no perderse en la niebla. Desde el pasado mes de diciembre, esta red institucional viene integrando a los clubes y las escuelas mediante la prevención, el deporte y la cultura.

Así como un barco mercante necesita un baqueano en el puente de mando para cruzar la escollera sin tocar fondo, los pueblos del interior precisan adultos que sepan escuchar. La experiencia dejada en Claraz y en los barrios de Necochea demuestra que cuando las instituciones salen de los despachos y caminan el territorio, la respuesta de la gente es inmediata. En cada aula visitada quedó flotando esa sensación linda de que el puerto no es un lugar ajeno rodeado de alambres, sino una parte viva de nuestra historia.

Cuando el sol empezó a caer sobre las sierras del sudoeste y los chicos emprendieron el regreso a casa con el cuaderno bajo el brazo, la jornada llegó a su fin. El esfuerzo de estos tres días dejó una huella serena pero firme en la comunidad educativa del distrito. En el campo y en la costa, la lección aprendida es siempre la misma: para llegar a buen puerto hace falta saber de dónde se sale y elegir con sabiduría el camino.

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