El maestro Scaloni afina el motor en la víspera del debut mundialista: siete fijas y dos dudas que quitan el sueño
A las puertas de un nuevo Mundial, la Selección Argentina calienta motores con el misterio habitual de un técnico que piensa cada jugada.

Los días previos al debut en un Mundial tienen ese aroma espeso de las mañanas de niebla en el campo, cuando uno sabe que el sol va a salir pero hay que avanzar con cuidado, despacito. Lionel Scaloni lo sabe por experiencia y por los años acumulados en el lomo, y por eso se toma su tiempo para armar el equipo que va a salir a la cancha a defender el prestigio de nuestra tierra frente a los muchachos de Argelia. La ansiedad de la gente se choca contra la calma del rincón técnico.
El arco y la defensa central son cosas serias, como una buena alambrada que mantiene el ganado a resguardo de cualquier peligro. Ahí no se improvisa nada: el “Dibu” Martínez estará bajo los tres palos, con el “Cuti” Romero y el eterno Nicolás Otamendi firmes en la zaga, sacando todo lo que venga por arriba o por abajo. Por el lateral derecho se proyectará Nahuel Molina, un tractor que sube y baja sin pedir tregua por la banda. El fondo de nuestra Selección tiene la solidez de los galpones de acopio.
Donde el técnico tiene que parar la pelota y mirar bien el mapa es en el mediocampo. Rodrigo De Paul y Alexis Mac Allister son fijas, dos peones rurales que corren toda la jornada sin cansarse nunca. Pero el tercer hombre del sector está en veremos; resulta que Enzo Fernández anda con una molestia que lo tiene a maltraer y es muy probable que tenga que mirar el arranque desde el banco de los suplentes. Ahí se abre la hendija para que peleen el puesto Leandro Paredes y Giovani Lo Celso.
Arriba, por supuesto, la cinta de capitán la lleva el de siempre, ese Lionel Messi que a esta altura juega los partidos con la sabiduría de un viejo sabio de boliche de pueblo. Para acompañarlo en los últimos metros de la cancha, Julián Álvarez parece que le va ganando la pulseada al “Toro” Lautaro Martínez, aunque esa es una hermosa complicación que cualquier técnico quisiera tener en su plantel. La otra gran duda del entrenador pasa por la condición física de Nicolás González, que viene entre algodones y no se sabe si arranca.
A esta altura del partido, con la televisión encendida en cada hogar bonaerense y las banderas colgadas en las ventanas de los pueblos, Scaloni prefiere no apurarse. El debut es clave; es como el primer partido del campeonato local, donde un tropiezo temprano te puede complicar la clasificación y obligarte a remar de atrás todo el torneo. El misterio se va a estirar hasta el último minuto antes de salir al campo de juego.
