El Mundial 2026 acelera su marcha con el inicio de una segunda fecha que empieza a separar la paja del trigo
En las canchas norteamericanas se pone en juego el destino de los países. En el campamento argentino, la recuperación de Nicolás Tagliafico trae el alivio necesario para afrontar el duro compromiso contra Austria.

El almanaque no detiene su marcha y el Mundial ya nos mete de lleno en la segunda parada de la fase de grupos. Es ese momento del torneo donde se termina el tiempo de los aprontes y se empieza a ver quién tiene verdaderamente nafta en el tanque para aguantar la seguidilla de partidos. El debut siempre es como el primer día de cosecha, donde los nervios juegan su partido, pero ahora hay que asentar los pies sobre la tierra y asegurar los puntos si se quiere seguir camino en esta larga ruta. Los seleccionados saben que un tropiezo en esta instancia te deja mirando el campeonato por televisión.
En medio de este panorama de alta competencia, las noticias que llegan desde la concentración de nuestra Selección traen la calma de una lluvia de primavera. El defensor Nicolás Tagliafico viene evolucionando de buena manera de sus dolencias físicas y todo indica que estará bajo las órdenes del técnico para el cruce contra Austria. Es un alivio enorme para el plantel; el lateral es de esos jugadores que no te dejan a gamba, un marcador de punta firme que mete el pecho como un central chapado a la antigua y te asegura el carril izquierdo cuando las papas queman. Su presencia aporta la experiencia necesaria para estos partidos que se juegan con el cuchillo entre los dientes.
Este torneo tiene la particularidad de jugarse en tierras lejanas, recorriendo distancias inmensas que a los que somos del interior bonaerense nos hacen acordar a los viajes eternos por las rutas pampeanas. El desgaste de los viajes y el cambio de clima se sienten en las piernas de los muchachos, y allí es donde se nota el trabajo de los preparadores físicos, que tienen que dejar los motores a punto. En la llanura nuestra estamos acostumbrados a bancar las inclemencias del tiempo, y en el fútbol de este nivel la resistencia es la mitad del triunfo. El equipo que logre adaptarse mejor al rigor geográfico sacará una ventaja considerable.
Mirando el mapa de los grupos, uno se da cuenta de que el fútbol actual se ha emparejado tanto que ya no existen aquellos partidos que se ganaban antes de salir a la cancha. Hoy cualquiera te planta un esquema cerrado en el fondo, te achica los espacios como defensor que te encueva contra la línea, y si no tenés claridad te termina complicando la tarde. La fecha que arranca va a exigir la máxima concentración de las potencias tradicionales, que ya sintieron el rigor de los planteles que llegan desde rincones menos tradicionales del mapa futbolístico. Nadie regala un centímetro de pasto en esta cita ecuménica.
Como siempre pasa cuando la pelota rueda, las discusiones de boliche y las charlas de café en cada pueblo de nuestra provincia se tiñen con el color de la Copa del Mundo. El fútbol tiene ese don de unir el territorio, desde los caminos vecinales hasta las grandes avenidas, en una sola expectativa compartida. Esperemos que los planetas se alineen, que el físico acompañe a los muchachos y que la segunda fecha nos encuentre festejando, con la tranquilidad del deber cumplido. El camino es largo y apenas estamos promediando la primera etapa de la campaña.

