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La receta norteamericana que busca importar el Gobierno y la mirada atenta del interior sobre el gasto público

En medio de las tareas rurales que marcan el ritmo del invierno bonaerense en Necochea, los ecos del proyecto de "shutdown" presidencial encienden alarmas por su rigidez, mientras el campo recuerda la importancia de saber administrar las reservas de cada ciclo sin apagar los motores indispensables.

El frío de julio se siente con rigor en las madrugadas de Necochea, donde las ráfagas que llegan del mar barren las escolleras y las copas de los pinos del parque. En las mesas de los viejos cafés del centro, donde los productores locales suelen discutir el precio del trigo y los rindes de la cebada, la conversación de estos días se desvió hacia las noticias que llegan desde los despachos de la Capital Federal. Es que la idea presidencial de enviar al Congreso un proyecto de ley para implementar el “shutdown” —un cierre ordenado del Estado cuando se agotan los recursos presupuestarios— suena tan lejana a nuestras costumbres como el clima del hemisferio norte.

Para los hombres que peinamos canas y conocemos los vaivenes de nuestra tierra, la propuesta de apagar el motor estatal si las cuentas no cierran resulta, cuanto menos, llamativa. Javier Milei parece querer aplicar una regla de tres simple, muy al estilo del fútbol de pizarrón norteamericano, donde si te quedás sin variantes tácticas debés dar por terminado el partido. “En el armado del shutdown del Poder Ejecutivo, cuando te agotás el presupuesto no se puede gastar más y se apaga el Estado”, fue la premisa que lanzó el mandatario y que hoy resuena en cada rincón de nuestra provincia.

Sin embargo, el paisano que sabe de leyes y administración del hogar rural mira de reojo esta rigidez tan absoluta. Aquí, cuando la cosecha viene flaca por la seca o por la piedra, uno estira la frazada prórrogando los recursos del ciclo anterior, tal como permite nuestra histórica Ley de Administración Financiera. “Esta idea de cerrar el gobierno sería, específicamente, una incongruencia con la actual ley”, explica el abogado Diego Armesto, recordándonos que las leyes de un país deben estar en armonía con su Constitución.

El temor que asoma entre los vecinos del interior bonaerense es que, en el afán de recortar los gastos de la política, se terminen descuidando los servicios que sostienen la vida comunitaria. En los pueblos del partido, donde el hospital municipal, la escuela pública y el destacamento de policía son el único amparo frente a las distancias, un apagón administrativo absoluto sembraría el desconcierto. “Hay que ser muy cuidadosos con qué servicios se declaran esenciales; no se puede andar cerrando hospitales o aeropuertos”, advierte Armesto con el sentido común de quien conoce las necesidades básicas del territorio.

Desde otra perspectiva, el analista Marcelo Elizondo aclara que la intención oficial no es voltear el tablero por completo, sino poner un candado estricto a las billeteras de los ministerios excedidos. Es una lógica similar a la de un patrón de estancia que le asigna una cantidad fija de combustible a cada tractorista para la campaña de siembra. “Si un área se quedara sin plata disponible, esa área debería cerrar hasta que se apruebe un nuevo presupuesto”, sostiene Elizondo sobre la rigidez técnica del proyecto.

El espejo donde se mira esta iniciativa es el reciente episodio vivido en los Estados Unidos, donde una parálisis de 43 días dejó sin percibir sus sueldos temporariamente a miles de empleados federales hasta que el Congreso destrabó las partidas. La rigidez de aquel sistema prohíbe que el Jefe de Gabinete mueva los fondos de un cajón a otro para salvar las papas del fuego. “Al quedarse sin plata, no pagan los sueldos, pero una vez aprobado el presupuesto, les pagan los retroactivos”, concluyó Armesto, dejándonos picando la pelota sobre si esta receta del norte puede prender en el suelo húmedo de nuestra querida llanura pampeana.

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