Cuando las planillas de afuera marcan el parate: J.P. Morgan recalculó el tranco de la economía argentina
En las oficinas financieras internacionales le leyeron la toma a los números oficiales de julio y bajaron la expectativa de crecimiento al 1,5%, confirmando lo que en los pueblos productivos del interior ya se siente en el mostrador y en el taller.
Hay mañanas en que la radio del auto o la televisión del boliche de campo traen noticias que abajo, en la huella, ya se venían masticando despacio. La gente de trabajo, que conoce el paño porque atiende el comercio en la avenida o anda arriba del camión repartiendo mercadería, sabe reconocer cuándo la mano viene pesada antes de que salgan los papeles. Esta semana, desde las oficinas neoyorquinas del J.P. Morgan tiraron las planillas sobre la mesa y confirmaron que la economía del país sufrió en julio una frenada seca de ésas que no se veían desde los tiempos raros de la pandemia.
Los números que publicó el INDEC dejaron ver que la actividad retrocedió un 2,9% en un solo mes respecto de junio. Para los analistas de afuera, acostumbrados a mirar los fríos gráficos de computadora, el porrazos fue más grande de lo que esperaban en sus cálculos. “Esperábamos un dato débil de actividad en julio, en línea con el contexto de debilidad… sin embargo, la contracción informada superó ampliamente nuestra previsión”, dijeron los técnicos del banco extranjero al revisar cómo viene la marcha de la producción nacional en este 2026.
Mirando la historia larga de nuestro suelo, una caída tan marcada en treinta días obliga a desempolvar viejos almanaques de tiempos flacos. Habría que remontarse al encierro del 2020, al sacudón financiero internacional del 2008 o a los tropezones del 2018 para encontrar una flojera semejante en los números de la patria. Para quien peina canas y ha visto pasar cosechas buenas y malas desde la orilla del camino, estas cosas recuerdan que cuando el consumo afloja en las ciudades grandes, la marea termina llegando tarde o temprano a las colonias y pueblos del interior.
El impacto se siente con fuerza en las actividades que le dan vida y trabajo cotidiano a nuestras comunidades bonaerenses. El informe mostró que el comercio de barrio y la industria manufacturera se vinieron abajo más de un cuatro y un cinco por ciento en el año. Mientas la minería y la pesca aguantan el tirón en sus regiones, en los talleres del conurbano y los locales del interior la persiana se levanta con más cautela, esperando que amaine la tormenta mientras la venta sigue con el freno de mano puesto.
Frente a esta realidad que se palpita en la calle, el banco internacional decidió tijeretear sus proyecciones de crecimiento para la Argentina, bajándolas del 2,7% al 1,5% anual. Es como cuando el baqueano mira las nubes sobre el horizonte de la sierra y avisa que el viaje va a llevar más tiempo porque el camino se puso greda. En los meses que quedan para cerrar el año, la economía de la provincia y del país entero tendrá que remar en aguas agitadas para no perder el rumbo.
Por estas horas, entre el humo del mate y la charla sobre el mostrador, los productores y comerciantes miran el almanaque con la prudencia de siempre. El tercer trimestre viene asomando con presagio de contracción y todos saben que en el campo, como en la vida, para pasar el invierno hay que cuidar el grano y apretar la cincha. Habrá que ver si en agosto y septiembre la rueda vuelve a girar con más soltura o si toca seguir haciendo la digestión de este trago amargo.

