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La ruta del atlántico suma un nuevo capítulo: licitan el tramo que une Mar de Ajó con Pinamar

Con la promesa de extender la doble calzada por 47 kilómetros más, la provincia lanzó la obra que conectará el frente marítimo. Un recorrido por los viejos caminos de médanos y asfalto, donde la producción y el turismo se cruzan con la memoria de la región.

Quienes hemos recorrido la Ruta 11 desde las épocas en que el asfalto era finito y las banquinas de arena ponían a prueba la muñeca de cualquier conductor, sabemos el valor que tiene cada kilómetro de doble mano. En aquellos años, viajar hacia la costa en pleno verano era un ejercicio de paciencia, mate de por medio y la mirada fija en el parabrisas mientras los camiones cargados con madera o hacienda marcaban el ritmo de la caravana. Esta semana, una noticia que llegó desde las oficinas provinciales reabrió la conversación en los cafés de General Lavalle y Madariaga. El gobierno bonaerense lanzó la licitación para convertir en autovía los 47 kilómetros que unen Mar de Ajó con Pinamar.

El proyecto contempla una inversión de 154.000 millones de pesos, con el auxilio financiero del Banco Interamericano de Desarrollo, para transformar un trazado que une cuatro distritos clave del frente marítimo y del campo bonaerense. Los pliegos fijaron la apertura de sobres para los primeros días de noviembre, con la idea de volcar las máquinas a la banquina allá por marzo o abril de 2027, una vez que afloje el movimiento de la temporada estival. Para el vecino de la zona, que ve pasar el progreso a la vera del camino, la obra es una promesa esperada durante décadas.

En el fútbol, cuando un equipo logra encadenar dos pases limpios en el medio campo, la jugada empieza a tomar otro color y la tribuna se ilusiona con el gol. Algo parecido ocurre con la infraestructura vial de la provincia cuando las obras se conectan entre sí para armar un circuito con sentido territorial. Esta nueva traza se enganchará con la doble calzada que ya se está terminando entre Mar Chiquita y Villa Gesell, permitiendo completar un corredor continuo de más de 300 kilómetros desde Esquina de Crotto hasta la entrada a Mar del Plata.

El diseño técnico habla de dos tramos bien definidos, con un cantero central de 16 metros que separará los vehículos que van hacia el norte de los que bajan hacia el sur. Las empresas que pretendan quedarse con el trabajo deberán presentar respaldos de mantenimiento de oferta que superan los 700 millones de pesos por lote. Para quienes conocen el pulso de La Costa, Lavalle, Madariaga y Pinamar, el ancho de la ruta es sinónimo de seguridad y trabajo local.

Durante los meses fríos del año, cuando el viento del mar cruza los pinares y la bruma tapa los campos de pastoreo, la Ruta 11 recupera su ritmo cansino de camiones jaula, colectivos interurbanos y camionetas rurales. Pero apenas asoma el sol de la primavera y se acerca el verano, la cinta de asfalto se transforma en la arteria principal por donde circula el esfuerzo productivo y el descanso de millones de familias. Modernizar estos 47 kilómetros es reconocer que el turismo y la vida de los pueblos del interior necesitan caminos a la altura de las circunstancias.

Los viejos pobladores de la región recuerdan bien cuando el viaje a la playa se hacía por huellas de tierra que se borraban con las sudestadas o por caminos de conchilla que exigían parar a limpiar el radiador. Hoy, los tiempos son otros y la exigencia del tránsito requiere rutas modernas que prevengan accidentes y agilicen el transporte. Cuando los dos carriles por mano sean una realidad, la distancia entre el campo y el mar será un recorrido más seguro para todos.

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