La pelota vuelve a rodar en el Kempes en la noche cordobesa: la Selección inicia un camino de emociones y memoria
En la docta mediterránea, donde el campo y la serranía se cruzan con la historia grande del país, la Selección vuelve al verde césped. Entre el recuerdo fresco de la final en Norteamérica y la inminente despedida del capitán, la noche cordobesa prepara el marco para el primer grito tras el receso.

Cuando las luces del Mario Alberto Kempes se enciendan esta noche sobre la Docta, el aire fresco de la serranía traerá ese murmullo inconfundible que solo el fútbol de la Selección sabe despertar en el interior del país. Para quienes peinamos canas y medimos el tiempo por los ciclos de la cosecha y las jornadas de trabajo en el campo, cada vuelta de la pelota con la camiseta nacional tiene el sabor de los viejos rituales. A partir de las nueve de la noche, las familias de la provincia mediterránea y de toda la región central se acomodarán frente al televisor o en los escalones del estadio para ver salir al equipo. La pelota vuelve a rodar en tierra cordobesa en un amistoso que guarda mucho más que noventa minutos de juego.
El calendario no da tregua y el fútbol, como la vida misma en el territorio, exige levantarse rápido después de un golpe duro. Todavía está fresco en la memoria el recuerdo de aquella tarde en que la copa se nos escurrió de las manos en el tiempo suplementario contra los españoles allá en Norteamérica. Sin embargo, en el deporte como en las tareas del surco, siempre hay una revancha a la vuelta de la esquina para volver a sembrar la ilusión. El técnico Lionel Scaloni propone mover el banco de suplentes y darle rodaje a pibes de refresco que piden cancha desde hace tiempo.
En el vestuario de la Selección se respira ese ambiente propio de los momentos en que la historia empieza a doblar la esquina. Toda la gente sabe que estos días en la provincia mediterránea son el prólogo de una emoción mayor que se terminará de plasmar la semana que viene en la capital. El martes que viene en la cancha de River, el capitán Lionel Messi se calzará por última vez la celeste y blanca ante el conjunto de Benín. Por eso cada pase de esta noche, cada toque corto y cada tiro libre tienen un gusto a despedida que hace mella en el corazón futbolero.
Para este compromiso en la docta, el entrenador mandará a la cancha un equipo de hombres jóvenes combinados con la experiencia de la columna vertebral. En la parte de atrás, el pibe Giay saldrá por el costado derecho mientras que Medina cuidará la otra banda ante la ausencia de Tagliafico, que anduvo con molestias en la semana. En la mitad de la cancha, la duda del DT pasa por poner al chico Barco o meter la gambeta fresca de Mastantuono. Más adelante, los goles quedarán bajo la responsabilidad de esa dupla de guapos que conforman Julián Álvarez y Lautaro Martínez.
Del otro lado de la cancha estará el golpeado seleccionado de Bolivia, un equipo que viene masticando tierra seca desde que se quedó afuera del certamen mundialista en el repechaje contra Irak. Los muchachos del altiplano no levantan cabeza tras caer en fila contra Escocia, Argelia y la representación de Paraguay en sus últimas salidas. El entrenador visitante prefirió guardar la formación bajo siete llaves hasta el momento de saltar al verde césped del Kempes.
El árbitro colombiano Ospina dará el pitazo inicial y la provincia de Córdoba vivirá otra fiesta del deporte en sus tribunas. Desde las colonias agrícolas del sur cordobés hasta los valles del norte, la gente se tomará un descanso para seguir de cerca los pasos del seleccionado. Cuando la pelota empieza a rodar en el césped cordobés, el país entero se une en un solo abrazo de memoria y esperanza.
