Mar del Plata recibe al empresariado en el Sheraton mientras los números del campo y la producción piden cancha clara
En las vísperas de la primavera atlántica, más de mil dirigentes se reúnen frente al mar para discutir el país a veinte años. Entre pantallas que conectan con París y paneles de economía, la tierra adentro espera certezas para volcar su esfuerzo al trabajo.

Cuando las brisas del mar golpean las lomas marplatenses y el sol de primavera empieza a entibiar la costa bonaerense, la ciudad cabecera del turismo nacional cambia por unos días su fisonomía habitual. Las alfombras del Hotel Sheraton vuelven a vestirse de gala para albergar la edición número 62 del Coloquio de IDEA, ese espacio donde el empresariado, los hombres de negocios y la dirigencia política se sientan a tirar líneas sobre el cuaderno del futuro. Más de mil participantes se dieron cita en “La Feliz” para discutir cómo pasar de las promesas de estabilización a un partido de veinte años de crecimiento sostenido.
La escena de este año tiene la particularidad de la distancia. Mientras en el salón principal se acomodan los sacos y las corbatas de los ejecutivos que caminan los pasillos de las grandes firmas, las voces más esperadas del Gobierno nacional llegan a través de una pantalla. El presidente Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, mandan sus conceptos por videoconferencia desde París, donde buscan abrir mercados para la producción nacional. Es una postal del tiempo que nos toca: la política local jugando simultáneamente en el plano internacional mientras los hombres del territorio escuchan atentos en la costa.
Para quienes peinan canas recorriendo las rutas del interior productivo, viendo pasar las cosechas de la pampa húmeda y el movimiento de los puertos marítimos, la discusión de fondo siempre pasa por los cimientos. No alcanza únicamente con acomodar las variables financieras de la pizarra si los costos del flete, los impuestos y el combustible le quitan el aliento al que produce en el surco. Por eso, los debates sobre competitividad e infraestructura que se darán en las jornadas finales resultan tan vitales para el productor de a pie como el clima de la semana.
Entre los disertantes presenciales que caminaron los salones costeros aparece la senadora Patricia Bullrich, encargada de llevar la voz de las discusiones que se vienen en el Parlamento. También asisten intendentes jóvenes de distintos rincones del país, aportando la mirada de los municipios donde los problemas cotidianos se resuelven cuerpo a cuerpo con el vecino. Es una dinámica similar a la de un equipo de fútbol que necesita combinar la experiencia de los veteranos en el medio campo con la frescura de los pibes que corren por las bandas.
El programa oficial abarca temas tan diversos como la inteligencia artificial, el futuro del trabajo, la educación de las nuevas generaciones y el fortalecimiento de la Justicia. Exponentes como el expresidente uruguayo Luis Lacalle Pou traen la experiencia de los vecinos sobre cómo mantener la pelota al piso en tiempos de tormenta. Todo eso bajo la mirada de especialistas en consumo y finanzas que analizan hacia dónde soplan los vientos de la economía global.
Sin embargo, por fuera de la agenda rigurosa que se lee en los folletos del Sheraton, las conversaciones de pasillo giran en torno a la realidad concreta de las fábricas y los campos. Los recientes informes de las consultoras que muestran un freno en la actividad económica forman parte del murmullo inevitable de las mesas de café. Saber si la estabilidad conseguida se traducirá en reglas claras para sembrar, producir e invertir a largo plazo es la verdadera pregunta que sobrevuela las jornadas marplatenses.
Cuando caiga la tarde del viernes y los visitantes junten sus carpetas para retornar a sus provincias, la marea atlántica seguirá su curso invariable frente a la costa. Quedará entonces el desafío de transformar los discursos y las buenas intenciones en hechos palpables para la economía real. La tierra, la industria y el trabajo de la Argentina profunda seguirán esperando que las ideas discutidas frente al mar se conviertan en la herramienta que impulse el desarrollo definitivo de nuestra patria.

