Política

Aires de cambio en los pasillos de Balcarce 50: el regreso del oficio político para sembrar acuerdos con el interior

Manuel Adorni dejó la Jefatura de Gabinete en medio de tormentas judiciales y familiares. El Presidente confía en su inocencia y convoca a Diego Santilli para unificar ministerios y reconstruir los puentes con los gobernadores de todo el territorio nacional, buscando oxígeno en el Congreso.

Quienes peinamos canas y sumamos inviernos recorriendo los pueblos del interior sabemos perfectamente que la política, al igual que los ciclos de la tierra, requiere paciencia, previsibilidad y un profundo conocimiento del terreno que se pisa. No se puede sembrar sin mirar el clima, ni se puede gobernar dándole la espalda a las provincias. La reciente salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete de la Nación nos devuelve esa vieja postal de las crisis estacionales que suelen sacudir a las administraciones centrales cuando los vientos de la realidad soplan con fuerza desde los tribunales y el Congreso. Adorni, un hombre que supo ser la voz cotidiana del Gobierno, dio un paso al costado acorralado por denuncias judiciales y por el peso agobiante de las presiones que terminaron afectando la tranquilidad de sus seres queridos.

Mirando las cosas con la distancia y la pausa que dan los años, uno entiende que el desgaste en estos cargos públicos es inmenso. El presidente Javier Milei salió de inmediato a respaldar a su colaborador de la primera hora, asegurando que su renuncia posee un carácter estrictamente personal, motivada por la necesidad de resguardar a su esposa e hijos de agresiones intolerables. “Confío en la inocencia de Adorni, es una persona honesta”, repitió el jefe de Estado, marcando una postura firme ante el juzgamiento de los medios, comparando la situación con los principios de justicia que piensa volcar en su próximo libro. Es una defensa leal, de esas que se ven en los viejos vestuarios cuando las papas queman y el campeonato se pone difícil para el equipo.

Sin embargo, el Estado es una maquinaria que no se detiene por las cuitas individuales, y cuando un jugador sale lesionado, el director técnico debe buscar en el banco a alguien que conozca el puesto y tenga el cuero curtido. Allí es donde aparece el nombre de Diego Santilli, un dirigente que sabe lo que significa caminar el territorio, dialogar con los productores y entender las realidades complejas de nuestra geografía, desde el cordón industrial bonaerense hasta las economías regionales más postergadas. Milei resolvió fusionar la Jefatura de Gabinete con la cartera de Interior, un diseño institucional que nos recuerda a las épocas de Guillermo Francos, buscando concentrar el comando político en manos de un componedor experimentado. Santilli es un gran trabajador que conoce bien el oficio político, sentenció el Presidente, reconociendo de algún modo que los manuales de teoría económica necesitan el complemento indispensable de la experiencia práctica en el barro de las negociaciones.

Esta reestructuración ministerial busca fundamentalmente devolverle el aire a una gestión que debe encarar reformas complejas en el Parlamento. Para lograrlo, el nuevo jefe de Gabinete tendrá que desplegar ese “músculo político” que tanto le elogia la Casa Rosada, sentándose a la mesa con cada uno de los gobernadores provinciales, escuchando los reclamos de las economías regionales y entendiendo las necesidades de los intendentes que defienden sus distritos. La designación fue bien recibida por diversos sectores, cosechando incluso el visto bueno de Mauricio Macri, lo que demuestra que en el gran tablero nacional, el oficialismo busca consolidar sus alianzas para no quedar librado al azar. El Gobierno busca garantizar la fluidez parlamentaria en los meses venideros, sabiendo que las leyes se ganan sumando voluntades y respetando la representación de cada rincón de la Patria. Al final del día, la política es como el fútbol de antes: se gana con estrategia, pero sobre todo conociendo cada rincón de la cancha.

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