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Boca cruza el río con la ventaja a favor para cerrar la serie frente a la sorpresa paraguaya en Defensores del Chaco

Como en aquellas viejas giras continentales donde no había margen para el descuido, el Xeneize llega a Asunción con dos goles arriba para acomodar un semestre que en la cancha propia se volvió escarpado y exigente.

Cuerpo: Hay noches de copa en las que el aire del norte viene denso, cargado de esa humedad pesada que hace que la pelota pique distinto y que la camiseta pese un poco más de lo habitual. Boca desembarca este martes en el césped de Defensores del Chaco para defender esa luz de dos goles construida en Buenos Aires. Son esos partidos que recuerdan a las series de antes, donde se viajaba con la radio pegada a la oreja en los pueblos del interior y el resultado se cuidaba como a la hacienda en época de tormenta.

El equipo que conduce Rodolfo Arruabarrena viene haciendo un camino cansino en el torneo de casa, trastabillando en esas primeras fechas del Clausura donde todavía no encuentra el tranco parejo. Como le pasa al sembrador cuando la tierra se pone dura y no rinde lo esperado, el Xeneize necesita cerrar esta llave para no complicar el resto de la temporada. La ausencia de Leandro Paredes en la mitad de la cancha obliga a cambiar las piezas en un sector donde siempre se requiere voz de mando y buen pie.

Del otro lado del campo espera Deportivo Recoleta, un cuadro que se convirtió en la revelación del certamen a fuerza de paciencia y orden táctico. No es poca cosa haber mirado desde arriba a Santos y a San Lorenzo en la fase de grupos, demostrando que en el fútbol sudamericano la camiseta sola ya no gana los partidos. Tienen la tranquilidad de quien no tiene nada que perder y saldrá a buscar ese gol temprano que meta nerviosismo en la visita.

En los vestuarios de la Ribera se sabe que un tropezón a esta altura del año suele pagarse caro en la conversación del hincha y en las tribunas. El triunfo tres a uno de la ida es una linda ventaja, pero en el fútbol las rentas no se cobran hasta que el árbitro pita el final. Será cuestión de acomodar las líneas, aguantar la arremetida inicial del dueño de casa y hacer valer la jerarquía en los momentos donde el trámite se ponga disputado.

Cuando la pelota empiece a rodar a las siete de la tarde bajo la mirada del uruguayo Matonte, el territorio continental volverá a ser testigo de un nuevo capítulo en la historia xeneize. En las peñas del interior y en las casas de campo de la provincia se escuchará el partido con esa esperanza pausada de quien confía en los colores. Habrá que ver si el equipo logra plasmar en la cancha la autoridad necesaria para traerse la clasificación en el bolso y mirar los cuartos de final con la frente en alto.

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