Política

El gas en la mesa de discusión: cuando el mapa del frío choca con la planilla de cálculo

Entre pasillos parlamentarios y cuentas de oficina, el proyecto para modificar la Zona Fría pone en pausa los beneficios tarifarios en el interior del país, mientras las comunidades del sur bonaerense y el campo se alistan para encarar otra temporada exigente.

Siempre se ha dicho en el campo que no hay que festejar la cosecha antes de llenar el silo, y en la política parlamentaria la máxima vale el doble. Por estas horas, en los despachos porteños se sacan cuentas para modificar el régimen de Zona Fría, esa ley que durante años les trajo un alivio a las familias del interior bonaerense, de la Pampa húmeda y de las provincias centrales cuando los vientos del sur empiezan a soplar fuerte. La intención del Gobierno nacional es volver a achicar el mapa del subsidio y dejar la cobertura enfocada en el sur patagónico, la Puna y Malargüe.

Quienes recorremos los caminos de la provincia sabemos muy bien que el invierno en la costa, en la sierra o en el medio del campo no es una cuestión de almanaque ni de teoría. Un día de sudestada en Bahía Blanca o de helada negra en los campos de San Cayetano exige tener la pava lista y la estufa encendida de la mañana a la noche. Las casas rurales y los pueblos del interior consumen gas no por comodidad, sino para que la vida cotidiana siga rodando mientras afuera la tierra descansa bajo la escarcha. La propuesta en debate contempla recortar los beneficios a distritos que se habían sumado en 2021 y cambiar la forma en que se aplica el descuento en la boleta.

En las ciudades del sur provincial, la preocupación no tarda en ganar la calle ni las conversaciones de café. Los jefes territoriales y los intendentes de la región salieron a marcar la cancha, recordando que en la franja costera y productiva el consumo es naturalmente alto porque el clima no da tregua. Se habla de números, de canastas básicas de $4,8 millones y de un ahorro fiscal de $272 millones, pero del otro lado del mostrador están las pequeñas pymes, los talleres del pueblo y los hogares que todavía intentan recuperarse de los temporales que castigaron a la zona en los últimos años. En el territorio se siente que se juzga el consumo del interior con la misma Vara con la que se mide un departamento en la capital.

El trámite legislativo muestra además las negociaciones que se tejen según la geografía de cada representante. Mientras se busca el respaldo de los senadores del norte ofreciendo alivios para la tarifa eléctrica durante los meses de calor, los legisladores de Buenos Aires, Mendoza y La Pampa se plantan en defensa de sus distritos. Es el clásico partido de ida y vuelta donde se juegan los recursos de las provincias, con pases cortos y mucha discusión en la mitad de la cancha. Las distintas fuerzas políticas quedan atravesadas por la realidad de sus provincias antes que por la disciplina de sus bloques.

En paralelo, el proyecto incluye otros asuntos técnicos como la Carta Orgánica del Banco Central y el Mercado de Carbono, pero en el mostrador del pueblo la atención está puesta en la factura del servicio público. La historia demuestra que las decisiones que se toman apuradas en los despachos centrales suelen demorar en acomodarse cuando bajan a la tierra firme. Habrá que ver qué resulta de las reuniones parlamentarias de este miércoles y si se llega al jueves con la cancha lista para jugar. En el interior productivo, mientras tanto, la gente mira el cielo y sigue trabajando con la templanza de siempre.

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