El invierno se resiste a entregar el poncho: sudestada, aire polar y vientos fuertes en la región bonaerense
Un sistema de baja presión junto a vientos de la costa y aire helado traen inestabilidad al sudoeste bonaerense y la cuenca del Plata. A las puertas de la primavera, el clima impone su ley en los campos y las playas de nuestro territorio.

Dice el viejo refrán campero que el invierno nunca suelta el poncho así nomás, y este tramo final del mes de septiembre parece dispuesto a darle la razón a la gente de campo. Mientras uno recorre los caminos rurales del sudoeste bonaerense, con la mirada puesta en el horizonte sereno de la costa y en las tierras de siembra que ya piden el sol de la primavera, el tiempo vuelve a cruzarnos con una de esas jugadas donde la naturaleza acomoda la cancha a su entero antojo.
Resulta que en el mapa meteorológico se juntaron tres frentes bien distintos: un aire polar que viene bajando con ímpetu desde la cordillera chilena, la humedad pesada que desciende desde el norte profundo y un sistema de baja presión que terminó de armar el revuelo en el centro del país. Esta mezcla rara nos trae de todo un poco a lo largo de la geografía nacional, desde nevadas firmes en la sierra y viento zonda en las provincias de Cuyo, hasta una sudestada bien bravía azotando el frente marítimo y las tierras bajas de la costa.
El Servicio Meteorológico Nacional ya colocó la bandera amarilla de aviso para varios distritos de nuestro sudoeste provincial y toda la franja costera. Nos esperan jornadas de chijete fuerte y helado, con ráfagas de aire que van a superar holgadamente los sesenta kilómetros por hora, haciendo cantar a los alambres de los potreros, soplando con ganas en las mangas de los corrales y levantando un oleaje pesado contra los espigones de nuestras playas en plena pretemporada.
Para los vecinos que andan cerca de la orilla o siguiendo la marcha de las mareas en la zona del Río de la Plata, el asunto pide andar con cuidado y atención, porque el viento constante del sudeste suele empujar la masa de agua contra la costa y no la deja salir. Quienes peinan canas en las comunidades ribereñas conocen de memoria este tipo de partidos: cuando la sudestada traba el curso natural de las aguas, los arroyos de la cuenca se frenan y los campos más bajos sienten rápido el rigor de la crecida.
Tampoco vendrán solas las ráfagas del viento; desde el noroeste de la provincia de Buenos Aires hasta las tierras de San Luis y el sur cordobés se aguardan tormentas y lluvias que dejarán unos cuantos milímetros de agua sobre los potreros. Si bien la tierra trabajada siempre agradece el líquido para hacer despuntar los primeros pastos de la estación, el barro que se forma en las huellas va a complicar las recorridas a caballo y el manejo diario con la hacienda.
Lo más duro de la jornada se dejará sentir hacia el cierre del fin de semana, cuando la masa de aire polar termine de asentarse con firmeza sobre la geografía bonaerense. El domingo nos va a recibir al salir el sol con un mercurio tacaño que apenas marcará unos seis grados a primera hora de la mañana, dejando tardes bien cortas donde la temperatura máxima difícilmente logre sobrepasar los doce grados de marca general.
Habrá que arrimarse al fogón en la cocina, mantener la leña bien seca a mano y esperar pacientemente a que este aire frío termine de soplar rumbo al mar abierto. La ansiada primavera se hace rogar entre los pastizales y las dunas de nuestro territorio, recordándonos a todos que en estas latitudes el clima siempre tiene la última palabra y que no hay calendario de almanaque que valga cuando el tiempo decide jugar de visitante.
