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La Barrosa volvió a vestirse de fiesta: el rugido de los motores despertó la memoria fiera de la sierra balcarceña

En las laderas del autódromo Juan Manuel Fangio, 40 mil almas celebraron el regreso de las categorías nacionales, donde el pinamarense Palazzo estampó su firma en una tarde de sol, mates y nostalgia.

Hay mañanas en que la sierra se despierta distinta, como si el viento que baja de las piedras trajera el eco de los viejos tiempos. En la ciudad de Balcarce, allí donde el campo bonaerense empieza a ondularse entre chacras y quintas, el autódromo Juan Manuel Fangio volvió a sentir el latido sordo de los motores tras quince largos años de silencio. Para la gente del lugar y para quienes hicieron kilómetros por la ruta, la jornada tuvo el gusto de esos domingos de antes, de radio encendida y asado a la sombra de los eucaliptos.

El paisaje de La Barrosa se pobló desde muy temprano con más de 40 mil almas que le devolvieron el color a las tribunas de piedra. Familias enteras llegadas desde los pueblos vecinos de Tandil, Necochea y Mar del Plata buscaron su lugar en la loma para ver pasar a los monstruos de chapa. El TC Pick Up, una categoría que se fue metiendo en el corazón de la gente del campo porque usa las mismas camionetas que andan por los huellares, inició aquí su Copa de Oro en un marco inolvidable.

El desarrollo de la carrera principal tuvo la emoción de los partidos bravos de liga, de ésos que se definen en el último centro al área. Tres pilotos se vinieron prestando el liderazgo como si se tratara de una posta de campo: el pinamarense Hernán Palazzo, el muchacho de Bella Vista Otto Fritzler y el crédito local Diego Ciantini. Los tres hicieron cantar a los motores en el dibujo trabado de la sierra, sacando chispas en cada curva del trazado balcarceño.

La suerte de la prueba se resolvió en los metros finales con la serenidad de los que saben esperar el momento justo. Palazzo, al volante de su Toyota Hilux, aguantó las embestidas con la paciencia del puestero y cruzó la meta antes que nadie para anotarse un triunfo de esos que valen doble. Atrás llegó Fritzler con su Ford Ranger, mientras que un recargo a Ciantini le abrió la puerta del tercer escalón del podio al chubutense Lucas Valle, venido desde Rawson para dar batalla en la pampa húmeda.

Con este resultado en tierras de Fangio, las posiciones del campeonato quedaron apretadas como tropa en el chiquero. Fritzler se acomodó arriba con 50 puntos, seguido bien de cerca por Agustín Canapino y el propio Palazzo, que comparten el segundo lugar con 43,5 unidades. La Copa de Oro recién empieza, pero la primera estocada se dio en una pista que respira historia automovilística por cada uno de sus poros.

Cuando la tarde empezó a caer sobre las sierras y el humo de las parrillas se fue mezclando con la polvareda del camino, la gente emprendió el regreso despacio. Los que peinan canas y recuerdan las épocas de gloria del gran Chueco Fangio sabían que no había sido un domingo más. En Balcarce, donde la tierra se junta con la pasión fierrera, el automovilismo recuperó una de sus catedrales más queridas y el paisaje del sudoeste provincial volvió a sonreír.

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