La economía vista desde la tribuna nacional: cuando los números de la televisión no caminan por el surco del campo
En una charla de estudio, el Presidente negó la recesión y habló de tecnología vieja, mientras en los pueblos de la provincia el consumo sigue el tranco lento de las épocas flacas.

Hay tardes en las que el televisor encendido en la cocina del campo devuelve un país que poco se parece al que se camina todos los días. En una entrevista grabada con Luis Majul que se escuchó de fondo en los hogares de la provincia, el presidente Javier Milei volvió a repasar la marcha de sus números. Sentado en el estudio porteño, el mandatario aseguró que no hay recesión en la Argentina y que las cosas marchan por un riel de crecimiento que pocos quieren reconocer.
A la hora de explicar por qué en las ciudades del interior se siente el afloje de la demanda, el Presidente usó una metáfora de otros tiempos. Comparó a las fábricas que hoy sufren el parate con los viejos talleres que hacían televisores en blanco y negro cuando irrumpió la pantalla a color. Para la gente de trabajo, que sabe lo que cuesta levantar la persiana de un comercio en la avenida principal o mantener un taller en marcha, la comparación sonó a la distancia propia de quien mira el surco desde un despacho.
El fútbol de tierra adentro enseña desde siempre que cuando la cancha se pone pesada no hay que festejar las jugadas antes de tiempo. “Hay una desaceleración del ritmo de expansión”, afirmó el jefe de Estado para definir este presente donde la hacienda y las herramientas pesan más de la cuenta al momento de cerrar las cuentas del mes. En los pueblos ganaderos y agrícolas del mapa bonaerense, las palabras oficiales rebotaron entre productores que miran el clima y los precios con la prudencia de los años vividos.
Durante la charla, la conversación se fue metiendo por caminos empinados al tocar temas de seguridad y política que dejaron pensando a la audiencia. Milei mencionó que durante su gestión se deportaron 30 mil terroristas del suelo patrio y que debió gambetear siete intentos de golpe de Estado disfrazados de juicios políticos. Son números grandes, de ésos que en las charlas de café o de mostrador de almacén cuesta encajar sin un papel oficial que los respalde con claridad.
Cuando le preguntaron por los informes adversos que circulan en los diarios, el mandatario repartió culpas hacia la tribuna de enfrente. Sostuvo que hay quienes festejan un mal dato por mero rencor político y defendió el rumbo macroeconómico con el entusiasmo de quien cree tener el partido completamente dominado. Sin embargo, la brecha entre el relato de la pantalla y la diaria del interior sigue mostrando que el bolsillo familiar juega su propio campeonato.
El domingo se fue apagando entre mates y comentarios sobre las definiciones que dejó la pantalla chica antes de arrancar otra semana de labor. Desde los puertos cerealeros del sur hasta las chacras del oeste provincial, el mensaje quedó picando en el aire sin promesas de alivio para los rubros golpeados. En el campo y en las ciudades del territorio, la gente sabe que las estaciones pasan, los discursos cambian, pero la única verdad sigue estando en el esfuerzo cotidiano de meter el arado en la tierra.

