La huella firme hacia el mar: la promesa de la autovía 88 y el valor de los caminos de la producción
Con el recuerdo fresco de las vidas perdidas en la ruta y la mirada puesta en el movimiento del sudeste, el anuncio de duplicar la calzada reaviva la esperanza de quienes transitan a diario entre el campo, el puerto y la costa.

Quienes llevamos décadas recorriendo los caminos de la provincia de Buenos Aires sabemos bien que las rutas no son simples tiras de asfalto pegadas a la tierra. Son las venas por las que circula el esfuerzo de las familias, el grano que va directo al puerto de Quequén y los muchachos que salen temprano a ganarse el pan. Por eso, cuando el ministro Gabriel Katopodis estuvo de visita por Mar del Plata y habló de la autovía para la Ruta 88, a uno se le viene a la cabeza la memoria de tantos viajes entre la costa y las chacras del interior.
El ministro ratificó que el proyecto para hacer la autovía en la 88 estará terminado antes de que termine el año. Dice la información que se anda trabajando codo a codo entre Necochea, Batán y la cabecera marplatense para tener los papeles en regla. Para los que peinamos canas, ver que se da este primer paso técnico es un consuelo, aunque sabemos que después viene lo más duro: conseguir los pesos y poner las máquinas a trabajar al costado de la banquina.
Son 120 kilómetros de huella estratégica que unen el sudeste bonaerense. Por ahí pasan entre siete mil y diez mil vehículos por día. Se cruzan los camiones cargados de trigo con los micros de larga distancia y los vecinos que van a hacer trámites o a atenderse al médico. En el verano, el tránsito se vuelve una procesión constante de familias que van hacia las playas de Necochea y Quequén. La convivencia entre la maquinaria pesada de la producción y el auto de paseo siempre fue peligrosa cuando la calzada queda chica y no perdona un error de cálculo.
La memoria no se borra con discursos ni con carpetas técnicas. La necesidad de esta doble vía se siente más profunda cuando uno recuerda la tragedia de la jovencita Ana Peralta Rondanina, que se nos fue tan temprano en un incidente con un camión. Katopodis recordó su charla con la madre de la chica en Necochea para empeñar su palabra en este proyecto. Como en un partido de fútbol que viene complicado, donde no alcanza con jugar bien sino que hay que poner el cuerpo hasta el final, la obra de la ruta es una deuda de honor con las familias de la región.
En los meses de invierno, Vialidad anduvo midiendo el estado del pavimento, las alcantarillas y los campos donde habrá que correr los alambrados. Los estudios técnicos determinarán cómo duplicar la calzada y dónde se necesitará expropiar tierra a los vecinos. En el campo conocemos el valor de medir dos veces antes de cortar una madera. Que se hagan los estudios está muy bien, pero la gente del territorio lo que necesita es ver el movimiento de tierra antes de que pase otra temporada.
Ojalá que esta vez los números acompañen y la licitación no quede trunca en los pasillos de la burocracia. Por el bien de nuestros camioneros, de los productores que mueven la cosecha y de cada familia que sale a la ruta a ganarse la vida, esperamos que la promesa de fin de año se convierta en una realidad duradera para todo nuestro sudeste bonaerense.

