Tierra que une: la lección verde en la Escuela 50 de Necochea junto al puerto y las familias
A fines de agosto, la comunidad escolar se juntó a sembrar acacias, álamos y especies nativas en el patio de la escuela. Una jornada de trabajo compartido donde los chicos aprendieron a cuidar el ecosistema costero y a poner las manos en la tierra.

En los pueblos de la costa, donde el viento del sur suele limpiar las ideas y el mar marca el pulso de la vida cotidiana, uno ha visto pasar muchas estaciones y sabe que las cosas perdurables se construyen sin apuros, como se arma un buen equipo antes de salir a la cancha. Mandar los pibes a la escuela no es solo mandarlos a sumar o a leer de los libros, sino también a aprender a querer el suelo donde pisan. Por eso da gusto ver cuando las instituciones se ponen de acuerdo y se tiran la pelota para el mismo lado, juntando a los vecinos, a los maestros y a los muchachos del puerto en una tarea que le deja algo bueno a la comunidad.
La cosa empezó allá por junio, cuando la tarde caía temprano y las autoridades de la Escuela Primaria Nº 50 Alfonsina Storni, en Necochea, se sentaron a tomar unos mates con la gente del programa Puerto Ciudad. Había que darle forma al proyecto ‘Cultivando sueños’, de esos que le enseñan al chico a cuidar la semilla desde que entra a la tierra. Después vinieron las tareas de carpintería y en julio se armaron cinco canteros de madera firme, bien rellenados con sustrato noble, esperando que el sol de agosto aflojara un poco el frío para empezar la siembra colectiva con toda la barriada.
El día señalado fue el 25 de agosto, una jornada donde el patio escolar se llenó de ruido lindo, de pibes corriendo con las palas y de madres y abuelos acomodando la tierra con la paciencia de quien ha cultivado toda la vida. Más de doscientos alumnos y un centenar de parientes se metieron de lleno a plantar las hortalizas y aromáticas que trajeron de sus propias casas. Fue un trabajo ordenado, casi como un picado de barrio donde cada cual sabe qué puesto ocupa: los más chicos alcanzaban los plantines, los grandes cavaban las pozas y las maestras registraban cada avance como un gol de campeonato.
Para no errarle en el tratamiento del suelo costero, que siempre es medio mañero por la arena y la sal de la brisa marina, contaron con el asesoramiento de los que saben de botánica y monte. El ingeniero José Garcés anduvo marcando el paso para ubicar cinco acacias y cuatro álamos que en unos años van a dar una sombra reparadora en el patio. Al mismo tiempo, el profesor Nerio Bognanni ayudó a armar un cantero especial con arena de la zona para plantar nueve especies nativas de la costa bonaerense, enseñándole a los pibes a respetar la flora que siempre defendedió nuestras dunas frente al avance del viento.
La huerta comunitaria también tuvo su momento de gloria gracias a los sabios consejos de la gente de trabajo del distrito. El instructor Willy Gutiérrez Valencia, del Centro de Formación Laboral Nº 503, explicó con sencillez cómo cuidar los canteros para que la verdura venga sana. Mientras tanto, la Cooperativa de Servicios y Mantenimiento Necochea arrimó el hombro con las herramientas y la logística, demostrando que cuando el trabajo es compartido las cargas se hacen livianas y los resultados quedan a la vista de todo el pueblo.
En el recorrido también estuvieron presentes las inspectoras Claudia Nuñez y Paola Cabrera, atentas a que la experiencia educativa no fuera una simple salida de rutina sino un verdadero aprendizaje de vida. Cuando se junta el esfuerzo del Consorcio del Puerto con el saber del aula y el empeño de las familias, el territorio se vuelve una escuela grande. Al final de la tarde, con las manos sucias de tierra fecunda y las caras llenas de alegría, los chicos de la Escuela 50 entendieron que plantar un árbol es sembrar esperanza para los años que vendrán en este querido rincón costero.

