Simulacro, caos y gritos en la esquina de Catamarca y Gascón
Lo que debía ser un ejercicio de rutina en el colegio Fasta terminó en un desborde callejero: tránsito cortado, bocinazos, discusiones y un automovilista que quiso avanzar mientras cruzaban alumnos. Un episodio que mostró cómo, a veces, el operativo sale prolijo… pero la calle juega su propio partido.

El viernes por la mañana, la esquina de Catamarca y Gascón vivió una escena que empezó como un simulacro y terminó como un pequeño escándalo urbano. El colegio Fasta había programado un ejercicio de amenaza de bomba, de esos que buscan entrenar a docentes, alumnos y bomberos para actuar con rapidez ante una emergencia. Todo dentro de lo previsto. Pero, como suele pasar en esta ciudad donde el tránsito tiene vida propia, la calle decidió escribir su propio libreto.
El operativo arrancó temprano, con autobomba, camioneta de apoyo y personal desplegado en una de las zonas más concurridas del centro. Los estudiantes fueron evacuados y caminaron en fila hacia Plaza Mitre, mientras el tránsito quedaba completamente interrumpido. Hasta ahí, todo dentro del manual. Pero el manual no contempla bocinazos, impaciencia ni vecinos que salen a ver qué pasa con el mate en la mano.
La calle estaba cortada por un voluntario que sostenía un cartel de PARE y pedía a los automovilistas desviarse por Gascón. Un trabajo ingrato, casi como ser el cuarto árbitro en un clásico caliente: todos te miran, nadie te respeta demasiado y cualquier gesto puede encender la chispa. Y la chispa, esta vez, no tardó en aparecer.
#Video Así fue la discusión en el centro. pic.twitter.com/1jZLEA1cDB
— 0223 (@0223comar) May 22, 2026
Según contaron vecinos a 0223, la zona se volvió un embudo. Autos frenados, motos que querían pasar igual, discusiones que arrancaban con un “dale, maestro” y terminaban en insultos. El momento más tenso llegó cuando un conductor de un auto blanco intentó avanzar justo cuando todavía cruzaban estudiantes. Una maniobra peligrosa, de esas que en la cancha serían roja directa sin necesidad del VAR.
El voluntario que sostenía el cartel se plantó frente al vehículo y empezó una discusión fuerte con el automovilista. Desde un comercio de la esquina, dos mujeres salieron a intervenir. Una de ellas, según testigos que grabaron parte del episodio, lanzó una frase que quedó resonando en la cuadra: “Vos llegás a pasar y pisás a un nene y te rompo la cabeza”. Una advertencia que mezcló bronca, miedo y ese instinto protector que aparece cuando hay chicos de por medio.
Mientras tanto, los bomberos seguían con su tarea, ajenos al clima que se había armado en la calle. El operativo duró algunos minutos más y, una vez finalizado, las dotaciones se retiraron. Pero el corte continuó hasta que pasó el último grupo de alumnos, como si la ciudad necesitara un rato extra para volver a su ritmo habitual.
Lo que debía ser un simulacro terminó mostrando otra cosa: la fragilidad del tránsito cuando se lo saca de su rutina, la impaciencia que brota en segundos y la dificultad de sostener un operativo ordenado en una esquina donde cada minuto pasan autos, motos, repartidores y peatones. Una escena que, vista desde afuera, tuvo algo de tragicómico: un ejercicio pensado para entrenar ante emergencias reales que terminó generando su propio pequeño caos.
Al final, no hubo heridos ni daños graves, más allá de un auto golpeado y varios vecinos que se fueron mascullando bronca. Pero quedó flotando la sensación de que, en esta ciudad, cualquier operativo —por más planificado que esté— siempre tiene que dejar un margen para lo inesperado. Como en el fútbol: podés preparar la jugada toda la semana, pero después la pelota pica como quiere.

