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Silencio en la cúpula libertaria tras la muerte de un socio de Martín Menem en un departamento de Almagro

El fallecimiento de Daniel Osorio, directivo de una empresa vinculada a Martín Menem, generó un clima de reserva en el oficialismo. El dirigente riojano llegó al lugar antes que los servicios de emergencia y la Justicia investiga una muerte dudosa.

La noticia llegó como esas ráfagas que cruzan la llanura sin aviso, moviendo el polvo de los caminos y dejando preguntas en el aire. En un departamento del barrio porteño de Almagro fue encontrado sin vida Daniel Antonio Osorio Peñaloza, un hombre de 46 años que trabajaba codo a codo con Martín Menem en distintas empresas. El caso, que en pocas horas se volvió tema obligado en los pasillos del poder, quedó envuelto en un hermetismo que recuerda a esas madrugadas de campo donde el silencio pesa más que las palabras.

Osorio llevaba más de un día sin responder mensajes, algo que quienes lo conocían consideraban inusual. Un allegado con llave ingresó al departamento de la avenida Díaz Vélez y lo encontró en la cama, sin signos de violencia visibles. Fue él quien llamó al 911, dando inicio a un operativo que, según los registros oficiales, tuvo un dato llamativo: Martín Menem llegó al lugar antes que el SAME y la Policía, un movimiento que quedó asentado en los reportes y que alimentó versiones dentro del propio oficialismo.

En la región sabemos que cuando alguien se adelanta a los hechos, como cuando un productor llega al lote antes de que amanezca para ver cómo viene el rocío, siempre hay una razón. Pero en este caso, la explicación no llegó. Desde la cúpula libertaria se limitaron a señalar que Menem se acercó por la relación laboral que mantenía con Osorio, sin agregar detalles. El silencio, más que aclarar, dejó la sensación de que el tema se maneja con la prudencia de quien camina un camino de tierra después de la lluvia.

Osorio era director suplente de Gen Tech Argentina SA, una empresa fundada por Menem, y también integraba otras sociedades vinculadas al dirigente riojano. Su rol en esas estructuras empresariales lo convertía en una pieza relevante dentro del entramado económico que rodea al presidente de la Cámara de Diputados.

La causa quedó caratulada como “muerte dudosa” y está en manos de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional Nº 22, que ordenó la autopsia para determinar si el deceso se produjo por un edema pulmonar, como sugiere la primera hipótesis, o si existió otra causa. En el campo, cuando un animal cae sin explicación, nadie se queda con la primera impresión: se revisa, se pregunta, se vuelve a mirar. La Justicia, en este caso, parece seguir ese mismo camino.

El clima político tampoco ayuda. El oficialismo atraviesa semanas de tensión interna y judicial, y este episodio cayó como una piedra en un estanque quieto. Las ondas se expanden, pero nadie quiere admitir que las ve. En los pueblos de la Quinta Sección, donde las noticias llegan mezcladas con el viento del mar o el olor a tierra húmeda, el caso se comenta con la cautela de quienes saben que algunas historias necesitan tiempo para decantarse.

Por ahora, lo único firme es el silencio. Un silencio que pesa, que se siente, que deja la sensación de que todavía falta conocer la parte más importante de esta historia. Como cuando uno mira el horizonte y sabe que la tormenta no terminó de pasar.

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