Taxistas piden cupo y advierten por el impacto territorial de las apps en Mar del Plata
En el Concejo avanza la regulación de las aplicaciones de transporte y el sector tradicional reclama límites claros. Temen una “sobreoferta” que profundice la crisis y piden controles efectivos para evitar que la actividad se vuelva inviable.

En Mar del Plata, donde cada temporada deja al descubierto las tensiones entre la demanda turística y la vida cotidiana de los barrios, el debate por las aplicaciones de transporte volvió a encenderse. Esta vez, con el Concejo Deliberante discutiendo una ordenanza para regular la actividad y con los taxistas reclamando que el texto incluya un cupo de choferes. El temor es que una apertura sin límites termine desbordando un sistema que ya viene golpeado.
Darío López, secretario adjunto de la Federación Nacional de Conductores de Taxis, repasó que el diálogo con el municipio recién se abrió “desde la asunción de Agustín Neme”, y que antes “no había posibilidad de debatir absolutamente nada”. Según su mirada, la falta de interlocución con la gestión de Guillermo Montenegro dejó al sector sin espacio para plantear una problemática que, en la calle, se siente desde hace años.
El dirigente valoró que ahora exista un canal de conversación, aunque remarcó que la discusión de este martes en el recinto dejó en claro que “había que regularizar, pero no de esta manera”. Para López, el punto central es que “tiene que haber un cupo” y que no se puede avanzar sin definir cuántos trabajadores podrán incorporarse al sistema. En su lectura, la experiencia de otras provincias muestra que, cuando no hubo límites, la cantidad de autos se multiplicó sin control.
El ejemplo que repite el sector es conocido: ciudades que pasaron de 1.500 vehículos a más de 10.000 en pocos años, con un impacto directo en los ingresos de quienes ya estaban en la actividad. “Ese es el miedo, que nos fundamos todos”, sintetizó López, con la crudeza de quien ve cómo la recaudación diaria se estira cada vez menos. “En lugar de ser una salida laboral, puede convertirse en un túnel al fracaso”, agregó.
El planteo de los taxistas se apoya en criterios que, aseguran, deberían haber sido considerados desde el inicio: densidad poblacional, cantidad de transporte público disponible y capacidad real del mercado marplatense. En una ciudad donde la estacionalidad marca el ritmo económico, advierten que no pueden transformarse en “la contención social de quienes se van quedando sin trabajo”, porque la actividad ya no soporta más presión.
El proyecto que se discute en el Concejo prevé que los choferes de aplicaciones deban contar con registro profesional, certificado de antecedentes, seguro específico e identificación en el vehículo. Para el sector tradicional, esos requisitos son necesarios, pero insuficientes si no existe un límite claro. “El miedo es que se llene”, insistió López, y graficó el malestar con una frase que se escucha cada vez más en las paradas: “Estamos hartos de repartir miseria”.
El dirigente también cuestionó que la ordenanza avance sin una reunión previa con las empresas de transporte. Considera que, si no pueden garantizar el cumplimiento de las reglas, “directamente no deberían operar en General Pueyrredon”. En esa línea, adelantó que el representante de las aplicaciones deberá firmar en el Concejo avalando la normativa, o no habrá marco legal para su funcionamiento.
En un territorio donde el transporte es parte del pulso diario —desde los barrios altos hasta la costa, desde los turnos médicos hasta la entrada a la fábrica—, la discusión no es menor. Como en el fútbol, cuando se abre demasiado el juego y nadie marca, el riesgo es que la cancha quede desbalanceada. El desafío, dicen los taxistas, es que la regulación no termine siendo un boomerang que agrave lo que busca ordenar.

