El aroma a pasto mojado y la gran vigilia que paraliza a la patria grande antes de enfrentar a los ingleses
Desde los campos del interior bonaerense hasta las playas frías que descansan en el invierno de Necochea y Miramar, el país se detiene frente a la radio y la pantalla para otra cita con el destino en semifinales.
El invierno pega fuerte en esta llanura pampeana donde los rastrojos de maíz crujen bajo la helada de la mañana y los paisanos se juntan temprano al abrigo de la salamandra. Por estos días de julio, la mirada no solo se clava en las nubes que prometen alguna llovizna remolona para la siembra, sino también en el dial de la radio que trae noticias desde el lejano norte de América. En cada rincón de nuestra provincia, desde los galpones de acopio en Tandil hasta las orillas de la costa atlántica que en verano explotan de pibes y hoy lucen mansas y grises, no se habla de otra cosa que del partido.
Lionel Scaloni, ese muchacho de Pujato que tiene la parsimonia de los hombres criados a base de pan casero y silencio de campo, anda rumiando decisiones difíciles en la concentración de Atlanta. Como un viejo tambero que conoce las mañas de cada animal antes de ordeñar, el director técnico sabe que no puede dar ventajas en la mitad de la cancha frente a los muchachos de Thomas Tuchel. El rumor que corre con la fuerza del pampero es que Rodrigo De Paul, nuestro incansable “motorcito”, podría empezar el partido sentado en el banco de los suplentes por primera vez en mucho tiempo.
No es una decisión sencilla para el conductor; es como sacar al cinco titular que te corre todas las pelotas en el torneo de la liga agraria solo porque anda con el tranco un poco lerdo. Para reemplazarlo aparecen tres candidatos de distintas características para acompañar a Leandro Paredes, que siempre juega con la prestancia de un patrón de estancia manejando el lazo. La posibilidad de Exequiel Palacios le daría al mediocampo un tranco cansino pero seguro, una pausa parecida a la que se necesita para cebar un buen mate amargo sin apurar la yerba.
Si en cambio el técnico busca el desborde y la frescura de la juventud, las opciones de Nicolás González o del pibe Giuliano Simeone aportarían el vértigo de los extremos de antes. Se trata de poner un jugador que corra la banda con el entusiasmo de un potrillo suelto en el potrero, buscando lastimar por afuera a una defensa inglesa que suele ser firme pero pesada en el retroceso. Este dilema táctico recuerda a los viejos campeonatos regionales de la Liga de Necochea, donde los técnicos sabios preferían la experiencia en el centro de la cancha antes que los lujos innecesarios.
Fuera de la tiza y el pizarrón, los periodistas de la gran urbe quisieron buscar la espina del pasado y le preguntaron a Scaloni por la vieja herida de las Malvinas, esa marca imborrable que tanto nos duele a los que peinamos canas. Con la sencillez del paisano que respeta el dolor ajeno, el entrenador prefirió no hacer gárgaras de patriotismo barato y pidió separar las cosas con absoluto respeto por los veteranos de nuestra patria. “Es un partido de fútbol y no podemos mezclar las cosas”, sentenció con la sensatez del que sabe que el verdadero honor se defiende con trabajo y memoria silenciosa.
El partido de este miércoles a la tarde nos encontrará con el mate listo, las tortas fritas calentándose en la cocina y el corazón latiendo al compás de una ilusión que ya es parte de nuestra identidad. No importa si estamos cerca de la ruta 3, mirando el horizonte del trigo que empieza a asomar, o contemplando las olas frías de nuestra querida costa bonaerense en desolación invernal. Ojalá que los muchachos tengan la templanza que se necesita para los momentos difíciles, porque en esta parada brava nos jugamos el pase a otra final del mundo.

