Nuevos miradores y aire de mar en la Ruta 11: la ley que busca ordenar el crecimiento entre las lomas de Chapadmalal y Miramar
El Senado bonaerense dio el visto bueno al proyecto "Camino del Mar" para renovar la traza que bordea los acantilados. Entre el recuerdo de los viejos viajes en colectivo y la necesidad de infraestructura moderna, la costa se prepara para recibir al turismo con mejores accesos, luces y la promesa de una futura autovía.

Quienes peinamos canas y acumulamos kilómetros recorriendo el litoral de la provincia de Buenos Aires sabemos bien que la Ruta 11 no es una franja de asfalto cualquiera. Es el camino que bordea los acantilados, el que regala esa primera ráfaga de aire salado cuando se viene viajando desde el interior y el que conecta el trajín urbano con la pausa de los pueblos costeros. En estos días, la Legislatura provincial dio un paso que busca cambiarle la cara al tramo que une Mar del Plata con Miramar, aprobando la ley que crea el corredor “Camino del Mar”. Es una decisión que busca poner en orden un territorio que cambió muchísimo en las últimas dos décadas.
El paisaje entre las lomas de Chapadmalal y la entrada a General Alvarado ya no es el de aquellos campos solitarios que caían directamente al mar. Donde antes había solo pastizales y algunas pocas casas de fin de semana, hoy proliferan barrios consolidados, emprendimientos gastronómicos, cervecerías artesanales y hasta viñedos que desafían al viento atlántico. Este crecimiento demográfico y comercial exige que la infraestructura pública no se quede atrás. La norma aprobada en el Senado apunta a dotar a la traza de miradores panorámicos, refugios, mejor iluminación y accesos seguros a las playas públicas, para que detenerse a mirar el horizonte no sea un peligro al costado del camino.
El texto de la ley no se queda únicamente en el cemento y las luminarias. La iniciativa busca articular el trabajo entre la Provincia, los municipios y los vecinos que apuestan a la producción local. Se prevén beneficios fiscales e incentivos para aquellos emprendedores que decidan prestar servicios vinculados al turismo respetando el entorno natural. Quienes conocemos la zona sabemos que el suelo costero es frágil y que la erosión del mar no perdona la improvisación. Por eso, resulta imprescindible que cualquier avance de la obra pública se piense con criterio de preservación ambiental, cuidando los médanos residuales y la vegetación nativa que fija la tierra frente a los temporales de invierno.
Asimismo, la propuesta organiza las actividades en cinco áreas temáticas que van desde la gastronomía hasta los deportes al aire libre. Es una forma de extender la vida del corredor más allá de los dos meses fuertes de la temporada de verano, atrayendo a quienes buscan pasar un fin de semana practicando surf, recorriendo circuitos históricos o simplemente tomando unos mates frente a las olas. En estas tierras, donde el invierno suele ser largo y silencioso, lograr que el movimiento se mantenga durante el resto del año es la diferencia entre un comercio que prospera y una persiana que se cierra en marzo.
Por fuera del marco estrictamente turístico, en los despachos de la Dirección de Vialidad provincial se volvió a desempolvar un expediente histórico: la posibilidad de transformar este tramo en una autovía de doble mano. La duplicación de la calzada entre Mar del Plata y Miramar es una obra largamente reclamada por los pobladores de San Eduardo del Mar y El Marquesado. Si bien las autoridades aclararon que por el momento se trata de evaluaciones técnicas sin plazos ni presupuesto asignado, la sola reactivación del diálogo con los municipios demuestra que la congestión del tránsito estival requiere soluciones de fondo para garantizar la seguridad vial de las familias que transitan a diario.
El tiempo dirá con qué rapidez se transforman estas normas escritas en obras concretas sobre el terreno. Lo cierto es que la Costa Atlántica bonaerense sigue transformándose al ritmo de las nuevas necesidades de su gente y de sus visitantes. Mientras tanto, el mar sigue golpeando con la misma cadencia eterna contra los acantilados, esperando que la mano del hombre acompañe el paisaje sin romper la armonía de nuestro querido territorio provincial.

