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Noches de fútbol, barro y desencuentro en la otra orilla del río

El triunfo de Tigre en Montevideo terminó opacado por la violencia en la ruta. Un reflejo amargo de los tiempos que corren, donde la pasión suele perder el rumbo.

Hay noches en que el fútbol devuelve la alegría del trabajo bien hecho en la cancha, pero el regreso a casa se vuelve amargo por la violencia que rodea al ambiente. Uno ha visto pasar décadas de historias a ambos lados del río, y sabe que la cordialidad entre pueblos hermanos debiera estar por encima de cualquier resultado deportivo. Sin embargo, las noticias que llegaron desde Montevideo nos dejan esa sensación amarga de los días en que el mal tiempo arruina la cosecha.

El equipo de Tigre había cruzado el Uruguay para disputar un partido bravo por la Copa Sudamericana frente a Nacional. En la cancha, los muchachos de Victoria hicieron un planteo inteligente y se quedaron con una victoria abrumadora por tres a cero. Fue un triunfo trabajado desde el primer minuto, de esos que en la jerga futbolera se consiguen con solidez y templanza en campo ajeno. La alegría en las tribunas visitantes era completa mientras duró el silbato final en el histórico estadio Gran Parque Central.

Pero la tranquilidad duró poco en la ruta de regreso. Cuando la caravana de colectivos enfilaba hacia la zona de Colonia para emprender la vuelta a la Argentina, la intolerancia se cruzó en el camino. En la intersección de la Ruta 1 y el Camino Cibils, dos personas en moto abrieron fuego contra las unidades que trasladaban a la familia futbolera. El primer micro recibió una ráfaga de disparos que rompió los vidrios y sembró el pánico entre los viajeros, dejando un saldo de heridos que requirió asistencia médica de urgencia en el Hospital del Cerro.

Quienes peinamos canas y caminamos la provincia sabemos bien que los caminos se transitan con respeto y la custodia debiera ser un compromiso sagrado de hospitalidad. Resulta difícil comprender cómo se deja desprotegida a una delegación en una ruta oscura tras un acontecimiento de semejante magnitud. Las denuncias de los propios hinchas sobre la falta de acompañamiento policial dejan al descubierto fallas que no se pueden pasar por alto cuando hay vidas en juego.

Esta franja costera y ribereña que nos une con la República Oriental del Uruguay siempre fue un lugar de encuentro, de trabajo compartido y de turismo fraternal. Por eso dolió tanto ver los destrozos y la sangre en los asientos de los colectivos a través de las imágenes que circularon al día siguiente. La investigación policial busca por estos momentos a los responsables, que según las primeras hipótesis pertenecerían a sectores radicalizados de la hinchada local que no supieron aceptar la derrota deportiva.

El fútbol tendrá su revancha la semana que viene en la cancha de Victoria, donde Tigre buscará sellar su clasificación a los octavos de final de la competencia. Ojalá que la pelota vuelva a rodar con tranquilidad y que el sentido común prevalezca para que el deporte sea solo una fiesta entre vecinos. El territorio rioplatense necesita recuperar la calma y la memoria de los viejos tiempos, donde la rivalidad terminaba siempre con un apretón de manos al costado de la cancha.

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