El fútbol de noche en la copa, el regreso del campeón y el barro que no perdona cuando se juega lejos de casa
Entre viajes a Chile y el ritmo de los que vuelven del Mundial, Boca prepara su viaje para jugar Sudamericana. Rodolfo Arruabarrena mueve las fichas en la cancha con la paciencia de quien conoce los tiempos del oficio.

Hay noches de invierno en las que el frío pega cruzado, de la misma forma que el viento entra por los descampados de la costa cuando la marea está alta. En el fútbol como en el campo la tierra siempre pide trabajo y no entiende de nombres propios. Viajar a Chile para jugar un partido de Copa Sudamericana nunca fue un trámite sencillo para ningún equipo argentino. Se siente ese olor a pasto húmedo, a cancha pesada, donde el que no mete la pierna firme se queda mirando cómo la tarde se le va entre las manos.
Rodolfo Arruabarrena lo sabe muy bien porque conoce el paño desde sus épocas con los pantalones cortos. El Vasco es de esos técnicos con aire de boliche de pueblo que leen el partido antes de que empiece. Para esta parada en Rancagua decidió mandar a la cancha desde el arranque a Leandro Paredes. El muchacho volvió al país con el polvo del Mundial 2026 todavía en los tapones y sin pedir descanso se puso a disposición. Hay jugadores que son como esos tractores antiguos que los dejás a la intemperie bajo la helada y arrancan a la primera vuelta de llave.
El sacrificado en esta oportunidad fue Santiago Ascacíbar, que venía de hacer un gasto enorme contra Sarmiento en la Copa Argentina. El fútbol moderno exige recambio constante de aire como cuando hay que rotar los potreros para no agotar la pastura. En el medio junto a Paredes va a estar Milton Delgado, un pibe que tiene la frescura y las piernas para hacer el desgaste que el partido va a pedir desde el primer minuto.
Atrás la cosa se complicó por la lesión del muchacho Lozano, que sintió un tirón el martes y tuvo que parar la marcha. A la cancha va a salir Dylan Gorosito por el lateral derecho para armar el fondo con Figal, Costa y Blanco. Es como cuando en una defensa central de 11 contra 11 te falta el 4 titular y tenés que mandar a la cancha al pibe de la tercera a tapar el agujero sin ponerse nervioso. En el arco sigue firme Álvaro Montero, el colombiano que recién llegó pero ya camina el área con la seguridad de un baquiano en terreno conocido.
Arriba la cosa está bastante clara para el equipo de la capital. Sebastián Villa va a ser de la partida en el ataque acompañado por los pibes Flores y Aranda. El uruguayo Miguel Merentiel quedará arriba bien solo peleando con los dos centrales rivales como ese centrodelantero de antes que aguantaba la pelota contra la raya mientras el resto del equipo salía del fondo para respirar un poco.
La formación completa para pisar suelo chileno no tiene misterios. Montero va al arco con Gorosito, Figal, Costa y Blanco en el fondo; Paredes y Delgado al medio; Flores, Aranda y Villa más adelante; y Merentiel como faro arriba. No hay mucho margen para la especulación en estos partidos de ida y vuelta donde un descuido te deja afuera antes de tiempo.
El choque de esta noche ante O’Higgins es la primera prueba de fuego seria en esta nueva etapa del entrenador al frente del club. En estas instancias decisivas la experiencia vale tanto como el aire que guardás para el segundo tiempo. Veremos si la chapa del campeón del mundo alcanza para acomodar el trámite o si la noche chilena se pone dura como helada de julio.

