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Un tropiezo del Xeneize en el Bajo Flores y la lección de que en la cancha y en la vida siempre hay que saber levantarse

Rodolfo Arruabarrena hizo autocrítica tras la goleada sufrida ante Riestra en el debut del Clausura. Mientras en la costa atlántica los veraneantes disfrutan las playas y en los campos bonaerenses se espera la lluvia, en el fútbol grande la pelota no perdona la falta de ímpetu.

Uno junta años recorriendo canchas, caminos de tierra y puertos de nuestra provincia, y aprende a mirar las derrotas con la serenidad del que sabe que el sol siempre vuelve a salir. Por estos días de verano, mientras la mirada está puesta en los rindes de los campos del interior y en el movimiento de turistas que colman las playas de Necochea o Mar del Plata, el fútbol nos regaló una de esas tardes que dejan pensando. Cuando un equipo entra a la cancha sin el ímpetu necesario, el rival más humilde te hace sentir el rigor de la historia.

Sucedió en el Estadio Guillermo Laza del Bajo Flores, donde Deportivo Riestra le propinó un categórico 3 a 0 a Boca en el arranque del Torneo Clausura. Tras el silbatazo final, el entrenador Rodolfo Arruabarrena dio la cara ante la prensa sin buscar excusas raras ni echarle la culpa al viento. “Que quede claro que soy el culpable de este resultado”, asumió el Vasco en una demostración de hombría de bien.

Como en un partido parejo de mitad de cancha donde la defensa se queda dormida y el delantero rival te gana la espalda con picardía, a Boca le faltó la garra que exige su camiseta. El propio DT lo reconoció con dolor al ver que los minutos pasaban sin que sus dirigidos mostraran reacción alguna. “Me dio la sensación de que se podrían haber jugado 60 minutos más y aún así no les íbamos a poder entrar nunca”, reflexionó el entrenador.

La preocupación en el cuerpo técnico pasa por el estado de ánimo de un plantel que venía de dos alegrías seguidas en la Copa Argentina y en la Sudamericana. Como le pasa al sembrador cuando una helada tardía le castiga el brote pero sabe que hay que volver a preparar la tierra para la siguiente campaña, la clave estará en cómo asimila el grupo este golpe. “No inquietamos, no tuvimos ni las ganas ni el ímpetu de ir a buscar un gol, y eso es lo que más me preocupa”, agregó Arruabarrena.

El calendario no da tregua y este jueves el equipo viajará a Chile para volverse a ver las caras con O’Higgins, un duelo decisivo para las aspiraciones internacionales. En los pueblos del interior sabemos bien que la fortaleza de un grupo se mide justamente en las malas, cuando el barro está alto y hay que sacar el carro adelante. “Me preocupa que no sepamos levantarnos de esta derrota”, admitió el DT pensando en el duelo continental.

Por último, el Vasco reconoció que la dirigencia está buscando un delantero de área para suplir la baja por lesión del paraguayo Adam Bareiro. Mientras las planillas de los dirigentes buscan refuerzos, el hincha del interior espera que la pelota vuelva a rodar para sacarse el trago amargo. Al final del día, en el fútbol como en el trabajo de la tierra, la única receta válida es agachar la cabeza y seguir trabajando.

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