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Gritos en Palermo, promesas de retenciones cero y el trabajo del campo que no se detiene ante el ruido

Mientras en la pista central de La Rural se renovaron las promesas para el sector productivo y en los pasillos volaron insultos hacia un exministro, en el interior bonaerense y en la costa atlántica los hombres de trabajo saben que la única verdad es la tierra y el esfuerzo diario.

Hay tardes de invierno que se ponen pesadas, no por el frío que baja del lado del mar ni por las nubes que amenazan sobre los campos, sino por la polvareda que se junta cuando la política habla más fuerte de lo debido. A uno, que le ha tocado recorrer durante más de sesenta años las exposiciones, los remates feria y los puertos de nuestra provincia, estas escenas le generan una serena distancia. Cuando los gritos ganan la escena en las capitales, el hombre de campo agacha la cabeza y sigue pensando en cómo encarar la próxima siembra.

Resulta que durante la jornada de cierre en la Exposición Rural de Palermo, el presidente Milei protagonizó un cruce verbal áspero cuando vio pasar al exministro José Ignacio de Mendiguren mientras daba una nota radial. Entre acusaciones por la vieja salida de la convertibilidad del 2002 y gestos de incomodidad de los dirigentes presentes, las palabras subieron de tono rápido. Como en un partido bravo de liga gringa donde un insulto a la tribuna calienta el clima sin necesidad, el episodio terminó con el dirigente industrial prometiendo llevar la discusión a los tribunales.

Pero más allá del revuelo de los pasillos y la batahola mediática, el verdadero interés de la gente de trabajo estaba puesto en el escenario principal, donde se habló de los números que duelen en el bolsillo. El mandatario volvió a prometer la quita de las retenciones al agro, aunque aclaró que el alivio será paso a paso y a medida que el Estado mantenga sus cuentas en orden. En los pueblos del interior sabemos bien que las promesas de eliminar impuestos son como las nubes de lluvia en tiempos de sequía: hasta que no cae el agua en el surco, no hay que festejar antes de tiempo.

El discurso presidencial también trajo datos sobre las exportaciones de carne que vienen creciendo con fuerza hacia los mercados de China y los Estados Unidos, dándole un respiro a los criadores de nuestra pampa. Se habló además de desregulación y de abrir las puertas a la compra de tierras por parte de capitales del exterior para traer divisas. En la diplomacia y el comercio de granos, como en las charlas de café en los centros de acopio, las necesidades de la economía terminan acercando a los países por más diferencias que hayan existido en el pasado.

El exministro agredido publicó más tarde unas líneas recordando que las ideas se defienden con hechos y no con agravios, señalando la tristeza de ver degradada la palabra de la máxima autoridad. Mientras los abogados preparan las carpetas para la Justicia, los camiones con hacienda siguen ingresando a los mercados y las barcazas continentales continúan su curso hacia los puertos de la costa. Las discusiones acaloradas de la ciudad pasan de moda rápido, pero el esfuerzo del que madruga para producir es lo único que sostiene a la patria.

Mirando el horizonte desde las tranqueras de nuestra provincia en este domingo que se apaga, uno espera que la templanza vuelva a reinar en las cúpulas dirigentes. El país necesita menos estridencias de micrófono y más certezas para los que ponen el lomo bajo el sol y el agua. Al final del día, los insultos se los lleva el viento de la costa, pero las decisiones sobre la producción son las que marcan el destino de nuestros pueblos.

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