El barro de la realidad y las leyes escritas en la capital: sobre el nuevo régimen penal juvenil
Entre los despachos porteños y la cotidianidad de las ciudades de provincia, el nuevo esquema de imputabilidad abre un debate hondo sobre el acompañamiento de nuestros pibes.

Hay cosas que precisan de tiempo para asentarse, igual que el agua en los pozos del campo después de una tormenta de verano. La reglamentación del nuevo Régimen Penal Juvenil, estampada bajo la Ley 27.801, viene a mover estanterías viejas, de esas que juntaban polvo desde los años ochenta. Dice el papel que ahora los pibes desde los 14 años entran en la cuenta de la justicia penal, un cambio de fondo que promete mirar la responsabilidad de otra manera, aunque las realidades del territorio suelan ser bastante más complejas que las intenciones escritas en un escritorio oficial.
En el piso de la cancha, la aplicación de la ley exige un equipo bien afirmado. La norma crea la figura del supervisor especializado, ese profesional de la psicología, el trabajo social o la pedagogía que tendrá la tarea nada sencilla de andar al lado del adolescente imputado. Se armará un registro oficial, pero como en las cosechas que no pueden esperar al buen tiempo, durante seis meses habrá un listado provisorio para que los jueces no se queden sin herramientas a la hora de intervenir.
La infraestructura institucional promete puentes entre la Nación y las provincias. Se habla de una Mesa Federal y de un Comité Interministerial para que las áreas de salud, educación y seguridad no jueguen cada una por su cuenta. Quienes llevamos años recorriendo el interior bonaerense y los distritos del país sabemos que la teoría de los convenios muchas veces se topa con la escasez de recursos locales, donde un polideportivo o un centro de contención comunal valen más que diez decretos firmados a la distancia.
En las localidades costeras, las primeras jugadas de este nuevo reglamento ya se dejaron ver. Ocurrió en Mar del Plata, donde la tranquilidad de un galpón se vio sacudida por la detención de dos pibes con un arma encima. El fiscal pidió dejar sentado el arresto bajo las nuevas reglas, pero la jueza prefirió devolverle la libertad al de 15 años mientras el proceso penal sigue su marcha. Fue un partido que dejó al descubierto las distintas lecturas que la propia justicia hace en el terreno cuando las luces del anuncio bajaron.
Mirar este fenómeno exige la paciencia de quien observa el clima antes de sembrar. La baja de la edad a 14 años y las penas de hasta 15 años de prisión abren una etapa nueva en el país. Ojalá que la presencia del Estado en los barrios, las escuelas y los clubes no llegue siempre después del patrullero, porque a la sociedad la salvamos entre todos o no la salva nadie.
