El mostrador de las pymes no levanta cabeza: entre números finos, pucheros y la cuenta que no cierra en el pueblo
Las ventas minoristas de septiembre subieron un 0,3% interanual según CAME, pero cayeron 1,2% contra agosto; una radiografía del consumo en las barriadas y el interior profundo.

Hay tardes en las que uno se sienta en el banco de la plaza o en la vereda del boliche a ver pasar la gente y nota enseguida cómo viene la mano. El informe que acaba de publicar la gente de CAME sobre las ventas de septiembre confirma en planillas lo que cualquier comerciante de barrio ve desde temprano cuando abre la persiana: la moneda no alcanza para tirar manteca al techo y la gente camina con el bolsillo apretado. Aunque el número general dio un pasito corto hacia arriba con un 0,3% interanual, la caída del 1,2% respecto a agosto muestra que la cosa sigue trabada.
En el campo y en los pueblos del interior sabemos bien lo que significa sembrar con llovizna fina y viento en contra. Las familias andan haciendo malabares para estirar los pesos, llevando lo justo y necesario para el día a día. En las verdulerías y carnicerías se nota el cambio de hábito, donde el pollo le va ganando la pulseada a la carne vacuna y las marcas de siempre le ceden lugar a los envases económicos. En los rubros pesados, como los amoblamientos o la construcción de fondo, las decisiones se estiran como chicle a la espera de un tiempo más claro.
Si miramos el partido por sectores, la indumentaria y el calzado mostraron un pequeño respiro por la llegada de los días lindos y el cambio de temporada. Textil e indumentaria subió un 5% y las ferreterías un 3,3%, impulsadas por arreglos de apuro y la pintada primaveral en los frentes de las casas. Sin embargo, en el mostrador de las alacenas y la mesa de todos los días, Alimentos y bebidas cayó un 3,1%. Es como en esos partidos de fútbol feos de mitad de campeonato: podés dominar la pelota un rato en el medio de la cancha, pero si no metés los goles en el área del consumo diario, el resultado te deja sabor a poco.
El comercio del interior vive de la rueda corta, de la libreta y de las cuotas sin interés que permiten cambiar unas zapatillas o comprar los remedios de la farmacia. Las ventas por internet crecieron un 19,4% interanual para los locales a la calle, convirtiéndose en el remando de muchos negocios para no cerrar la persiana. Pero las inversiones de capital siguen congeladas en el galpón: más de la mitad de los comerciantes consultados dice que no es momento para meter plata nueva en las pymes.
Se nos viene la primavera encima, el sol empieza a calentar la costa y los campos esperan que las lluvias acompañen para encarar la siembra fina de la mejor manera. Más del 40% de los pyme de nuestra tierra confía en que dentro de un año las cosas van a estar un poco mejor, demostrando esa paciencia del hombre de trabajo que nunca baja los brazos. Ojalá que la economía afloje un poco la cincha para que el esfuerzo cotidiano de los pueblos empiece a dar sus frutos en el mostrador.

