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El viento del sudeste, la mar picada en la costa y el rigor de un tiempo que siempre vuelve a llamar a la puerta

Como ha ocurrido desde que el hombre se afincó cerca de las dunas y el puerto, la sudestada volvió a recorrer las calles de Mar del Plata, Pinamar y Necochea trayendo lluvia, ramas caídas y la enseñanza de respetar el temperamento del mar.

Quienes llevamos un largo trecho caminado por este sudeste bonaerense y hemos visto pasar tantas temporadas frente a las olas sabemos bien que al mar y al viento hay que tenerles un respeto antiguo. Cuando el viento se acuesta del lado del sudeste entre los meses de julio y octubre, en las charlas de café cerca del puerto de Mar del Plata o en los mostradores de las estaciones de servicio en Necochea ya sabemos de antemano lo que se viene. La humedad se pega a los huesos, la marejada cobra fuerza contra la escollera y el agua busca su cauce por donde mejor le parece, recordándonos que la naturaleza tiene sus propios tiempos.

El temporal de sudestada volvió a sacudir la costa bonaerense con ráfagas que alcanzaron los 69 kilómetros por hora. En la madrugada, cuando todavía el sol no asomaba, el viento tiró abajo árboles de gran porte y dejó a oscuras a varios barrios marplatenses como Sierra de los Padres, Batán y las calles de la zona norte. A uno le da por pensar en la gente de trabajo, en los muchachos de las cuadrillas de Defensa Civil y de las cooperativas que salieron con frío y lluvia a despejar las ramas para que la peonada pudiera salir a ganarse el pan.

En los pueblos del interior y en las localidades de la costa, la experiencia enseña que una tormenta es como esos partidos de fútbol trabados en cancha de tierra: no se gana con lujo, sino aguantando el trapo con prudencia. En Pinamar los bomberos y los vecinos tuvieron que darse maña para despejar las calles anegadas por la marejada. Las cuadrillas municipales anduvieron levantando cables y asegurando postes, mientras los establecimientos educativos resguardaban a los chicos en las aulas, salvo en contadas excepciones donde la prudencia aconsejó suspender las tareas.

A lo largo de la historia de nuestro territorio, el Río de la Plata y la costa atlántica siempre han tenido en la sudestada a su visitante más obstinado. El choque entre las altas presiones del sur y el aire húmedo del norte genera esa sudestada clásica que sube la marea. Es una ley de la geografía que conocen de memoria nuestros pescadores y los paisanos que trabajan la tierra un poco más adentro, donde los arroyos se hinchan y los potreros bajos acumulan el agua de la lluvia acumulada.

Por suerte en esta oportunidad no hubo que lamentar evacuados ni desgracias personales que entristezcan a las familias de la región. Las previsiones del tiempo indican que hacia el fin de semana el viento empezará a amainar para darle paso al descanso. Mañana viernes todavía tendremos algunas lloviznas de madrugada, pero de a poco el sol irá buscando su lugar entre los nubarrones. Nos queda, como siempre, la lección de mantener las canaletas limpias, asegurar las chapas del galpón y recordar que frente a la fuerza del clima, la mejor herramienta de la gente de pueblo sigue siendo la solidaridad con el vecino.

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