Caputo vuelve a apostar al derrame: la vieja receta que ya falló y que ahora busca sostenerse en el agro, la energía y la minería
El Gobierno presentó un informe del Banco Central que sostiene que el crecimiento llegará desde los sectores “ganadores” hacia los más rezagados. La estrategia recuerda a la teoría del derrame aplicada durante el macrismo, que nunca alcanzó a la producción ni al empleo.

En la región sabemos que no todo lo que cae desde arriba llega al suelo. A veces el viento lo desvía, otras veces se pierde en el camino. Por eso, cuando el Gobierno volvió a hablar de “derrame”, muchos productores, comerciantes y trabajadores rurales recordaron aquellos años en los que se prometía que el crecimiento de unos pocos terminaría alcanzando a todos. Fue la misma receta que aplicó Mauricio Macri, y que en los pueblos de la Quinta Sección nunca llegó a sentirse.
El nuevo planteo surge de un informe del Banco Central presentado por su vicepresidente, Vladimir Werning. Allí se explica que los sectores “naturalmente ganadores” —agro, energía y minería— impulsarán la actividad y, por su demanda de insumos, logística y servicios urbanos, generarán un círculo virtuoso que terminará beneficiando a los sectores hoy rezagados. Es la teoría del derrame, con otro envoltorio pero la misma lógica.
En el campo, uno aprende que la producción no se mueve por derrame, sino por trabajo, inversión y previsibilidad. Un camino rural no se arregla porque otro camino esté mejor; se arregla cuando se decide hacerlo. Lo mismo pasa con la economía: si un sector crece, no hay garantía de que el resto lo siga. Y eso ya quedó demostrado hace menos de una década.
El informe del Banco Central reconoce que la inversión privada cayó por la incertidumbre electoral, pero sostiene que ahora se observa una expansión del financiamiento corporativo que anticiparía una nueva etapa de crecimiento. También destaca la baja del riesgo país y la transición hacia un régimen de menor inflación como señales positivas.
Pero en los pueblos, donde la realidad se mide en precios de insumos, costos de transporte y ventas del día a día, el panorama es distinto. El crecimiento actual está concentrado en pocos sectores, mientras que la industria, el comercio y los servicios siguen sin recuperar el ritmo. Es como un partido en el que solo atacan los delanteros: si el mediocampo no acompaña, el equipo no funciona.
El Gobierno insiste en que la recuperación se irá extendiendo “progresivamente”, pero no precisa cuándo ni cómo. En la región, donde el agro convive con la hotelería, la pesca, el comercio y la construcción, la idea de esperar a que “algo caiga” desde arriba suena lejana. La experiencia muestra que cuando el derrame no llega, los que quedan rezagados son siempre los mismos.
Por ahora, la apuesta oficial vuelve a poner el foco en los sectores exportadores, con la expectativa de que el resto acompañe más adelante. En los pueblos, mientras tanto, la mirada sigue puesta en lo concreto: caminos transitables, costos que no se disparen, ventas que alcancen y políticas que lleguen a tiempo. Porque en la vida rural, como en el fútbol, no alcanza con que uno juegue bien: el equipo necesita que todos toquen la pelota.

