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El cerrojo al Banco Central y las cuentas claras que reclama la tierra adentro

La Cámara de Diputados aprobó la reforma de la Carta Orgánica monetaria; entre discusiones en la capital y necesidades productivas, el interior sigue esperando respuestas para la siembra y el trabajo diario.

Mirar la política desde el interior profundo exige siempre un ejercicio de paciencia. Mientras en el recinto porteño de la Cámara de Diputados abundaban las voces elevadas, los ademanes temperamentales y las discusiones sobre el reglamento, la Cámara de Diputados le daba media sanción a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. La votación terminó con 144 voluntades a favor, 102 en contra y 9 abstenciones, enviando el texto hacia la Cámara de Senadores. En los mostradores del campo, en las cooperativas y en las oficinas de los pueblos donde la gente se gana la vida trabajando la tierra, el resultado se observa con esa mezcla de cautela y memoria que solo dan los años de ver pasar distintas administraciones.

El proyecto de ley busca ponerle un candado a la emisión de dinero y fijar un rumbo donde la única tarea de la entidad monetaria sea cuidar el valor del peso. La iniciativa prohíbe de manera expresa los préstamos al Tesoro Nacional, el auxilio financiero a las provincias y la compra de títulos públicos. Desde las tribunas oficialistas se defendió la necesidad de cortar de raíz la inflación, comparando la medida con un árbitro que finalmente decide aplicar el reglamento a rajatabla para que la cancha quede nivelada de una buena vez por todas.

Sin embargo, en el recinto legislativo la discusión no fue un partido amistoso. Diversos diputados alzaron la voz para cuestionar la idea de una autonomía absoluta del organismo, recordando que la economía no puede marchar desconectada de las necesidades de la gente que produce y trabaja. Se remarcó en el debate el problema del endeudamiento que cruza a millones de familias, así como la falta de crédito para las pequeñas empresas del país. También se generaron fuertes contrapuntos por el artículo que permite utilizar reservas como garantía para tomar deuda, lo que derivó en momentos de alta tensión entre las bancadas antes de concretar la votación nominal.

Para quienes peinan canas y han recorrido los caminos de provincia durante décadas, las reformas económicas se miden siempre por sus frutos sobre la tierra y no por las intenciones escritas en los despachos. Desde la costa bonaerense hasta las economías regionales del norte y de la cordillera, el verdadero partido de la Argentina se juega en la capacidad de planificar a largo plazo, de contar con un combustible a precio justo, de previsibilidad para vender la cosecha o el ganado y de reglas de juego que no cambien a mitad de la temporada.

La iniciativa pasa ahora al Senado de la Nación, donde los representantes de los Estados provinciales deberán evaluar la propuesta. El país necesita certezas monetarias pero también motores productivos encendidos, porque cuando la economía se frena en la capital, el golpe seco se siente primero en los pueblos del interior, donde no hay debates teóricos que alcancen para reemplazar la falta de trabajo.

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