El país y sus fronteras: la identidad que se defiende desde la pampa hasta la cordillera
En estas mañanas frías de julio, un nuevo decreto nacional pone la mirada sobre el respeto al suelo patrio y sus símbolos, reabriendo la conversación bajo la sombra del alero.

En estas mañanas heladas de julio, cuando el viento del sur cruza los campos pelados por la escarcha y en la cocina el fogón no se apaga, la noticia llegó sin hacer demasiado ruido pero dejando tema para la mateada. El Gobierno Nacional firmó un Decreto de Necesidad y Urgencia que busca ponerle un límite claro a aquellos extranjeros que ataquen a la Patria o a su gente. A veces las decisiones normativas llegan como una helada de invierno que termina cambiando el paisaje cotidiano.
Uno que ha visto pasar muchos inviernos y también muchas leyes en este suelo, sabe bien que la tierra propia siempre exige un respeto elemental. Según se dio a conocer desde la Casa Rosada, la medida impone la prohibición de ingreso y la expulsión de quien fomente el odio o falte al respeto a los símbolos que nos representan a todos. El respeto por la bandera y el pabellón nacional es algo que en el interior profundo se aprende desde la primera infancia.
Cuentan que la decisión maduró tras los desencuentros y agresiones verbales que se vieron en las redes durante el Mundial de fútbol disputado recientemente en Norteamérica. Son cosas de la modernidad, donde la palabra escrita viaja rápido como ráfaga de pampero y a veces hiere sin dar la cara en el boliche. En la cancha y en la vida, el folclore futbolero es una cosa, pero cruzarse de raya y agraviar al rival ya es otro asunto.
Quienes peinan canas en el campo recuerdan que la hospitalidad de nuestra patria siempre fue un orgullo de la provincia, una tranquera abierta para el que viene a trabajar la tierra y sumar su brazo. Sin embargo, en cualquier campo bien gestionado se sabe que para que la convivencia sea buena hay que mantener los alambrados firmes. Hasta en el partido de potrero más humilde del pueblo hay líneas tizadas que todo el mundo debe respetar para jugar en paz.
Por estas horas, en las localidades de frontera de Misiones o en los pasos cordilleranos de Mendoza donde la nieve aprieta, los muchachos de control miran el movimiento habitual del invierno con la atención de siempre. La medida abarca todo el mapa, desde los puertos del Atlántico hasta las rutas secas del norte, donde la patria empieza y termina cada día. La geografía de nuestra tierra es vasta y variada, pero el sentimiento de pertenencia es exactamente el mismo en cada rincón.
Veremos con el transcurrir de los meses cómo se acomoda esta nueva regla en la rutina diaria de los pueblos y las ciudades del interior. Por lo pronto, mientras se aguarda que afloje el frío a la sombra de la arboleda, el tema queda picando entre los paisanos. Las naciones, como las buenas cosechas de la temporada, se defienden cuidando la semilla y respetando la tierra donde uno está parado.
