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El trago amargo de Colapinto en Italia: entre el descanso veraniego, el mate robado y el mapa que exige no aflojar

El joven piloto de Pilar sufrió el hurto de sus pertenencias en la calma del lago de Como durante la pausa de la Fórmula 1. Una anécdota que deja al desnudo las picardías del viejo continente mientras en el país la gente sigue el pulso de su carrera.

Quienes peinamos canas sabemos que las vacaciones lejanas suelen tener esas sorpresas amargas que a uno le trastocan la parsimonia del viaje. El pibe Franco Colapinto se fue a buscar el fresco y la tranquilidad del lago de Como, en Italia, y terminó probando del sinsabor que a veces depara la geografía europea. Le llevaron la ropa, los documentos y hasta la matera con la que andaba para todos lados, recordándonos que en cualquier rincón del mapa hay amigos de lo ajeno acechando a los descuidados.

En el campo o en la playa, el kit de mate no se le niega a nadie y perderlo en suelo ajeno es casi un desacato a las costumbres nuestras. El propio piloto de Pilar se tomó el asunto con esa soltura criolla que lo caracteriza y no tardó en dejar su mensaje en las redes. Aceptó el golpe con la misma cintura de los viejos enganches de pueblo, esos que cuando los cruzan abajo se levantan, se sacuden la tierra de los pantalones y siguen pidiendo la pelota como si nada hubiera pasado.

El hecho se dio justo en el parate que se toma la Fórmula 1 a mitad del certamen, entre el polvo que dejó la pista de Hungría y el compromiso que se viene en suelo holandés. Colapinto venía entonado después de la maniobra en Spa-Francorchamps que le valió el aplauso de los entendidos y el premio de la categoría. Venía haciendo los deberes con la precisión de un tambero en la madrugada, cuidando el auto y manteniendo la superlicencia limpia de multas en esta exigente temporada de 2026.

La noticia recorrió el país con la velocidad del viento sur que limpia los campos bonaerenses en estas épocas de invierno duro. Los vecinos de Pilar y la afición futbolera y fierrera del interior sintieron la pifia como un tropezón de la suerte en medio de la pretemporada. Ver a un muchacho nuestro triunfar en esos circuitos de asfalto perfecto y terminar despojado de sus cosas en un pueblo italiano deja una mueca de ironía que cuesta digerir sin una sonrisa de compromiso.

Ahora le tocará dar vuelta la página, ajustar los cinchos y enfocarse en lo que viene sobre el trazado de Zandvoort antes de que finalice el agosto europeo. Las mañas de la vieja Europa le habrán dejado una enseñanza de viaje, pero en la pista lo que vale es la maña para meter la trompa en el momento justo. Desde el territorio, con el termo bajo el brazo y mirando la grilla, los de acá seguiremos esperando que el motor acompañe y las cosas vuelvan a su cause.

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