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El viento de la costa atlántica no frena el avance de la huerta escolar y comunitaria en Costa Bonita

En la Escuela N.º 41, el programa Puerto Ciudad de Necochea levantó las paredes de un invernáculo que promete ser un aula abierta para los chicos de la zona. Trabajo cooperativo, memoria de la tierra y la docencia unida para ganarle la pulseada al clima marítimo y asegurar la siembra del mañana.

A lo largo de los años, uno aprende a mirar el cielo de nuestra costa con un respeto que solo da el tiempo vivido entre los médanos y los vientos cruzados. En parajes queridos como Costa Bonita, donde la naturaleza suele imponer sus condiciones con ráfagas que limpian el paisaje, la llegada de un proyecto que hable de sembrar, de cuidar la planta y de hundir las manos en la tierra siempre es una buena noticia para los vecinos que eligen echar raíces en el lugar. El pasado martes 12 de agosto, el subprograma de Forestación Inclusiva, que forma parte del trabajo vecinal de Puerto Ciudad, dio un paso fundamental al completar una nueva etapa en la construcción del invernáculo de la Escuela Primaria N.º 41. Se trata de un verdadero espacio de aprendizaje donde los chicos del pueblo empezarán a entender los ciclos naturales de la germinación, lejos de los libros y bien cerca de los surcos.

La jornada tuvo ese sabor tan propio de los grandes acontecimientos comunitarios de los pueblos del interior bonaerense, donde nadie se queda mirando desde afuera y todos se ponen los guantes de trabajo. Los técnicos y coordinadores del puerto compartieron los mates y las tareas con los docentes de la institución, los alumnos ansiosos por ver los cambios y los integrantes de la Cooperativa de Trabajo, Servicios y Mantenimiento Necochea Ltda. Como sucede en esos partidos difíciles de campeonato local, donde la defensa tiene que estar bien unida para aguantar el resultado, la articulación entre la escuela, la cooperativa y el vecindario funcionó con la precisión de un equipo ensamblado, demostrando que la mejor forma de construir el territorio es tirando todos para el mismo lado.

El trabajo principal de este encuentro consistió en darle abrigo definitivo a la estructura mediante el cerramiento de sus cuatro costados. Hablamos de paredes importantes para el despliegue escolar, con dos frentes de 6 metros y dos laterales de 10 metros de largo que debieron cubrirse prolijamente con el nylon transparente que resguarda la vida vegetal de las heladas nocturnas. Sabiendo que el viento atlántico suele jugar en contra de estas instalaciones en las zonas descampadas, los trabajadores colocaron alambres cruzados en diagonal para sujetar con firmeza la cubierta exterior y evitar los daños que suelen causar los temporales de la época invernal. Además, antes de que cayera la tarde, quedaron perfectamente colocados los marcos de madera que sostendrán la puerta de ingreso al recinto de cultivo.

Lo que viene ahora en el almanaque de trabajo es terminar de acomodar las ventilaciones en la parte alta de la estructura utilizando tela media sombra para regular el sol del mediodía y colocar la abertura principal. Después llegará el momento de armar el mobiliario interno con mesadas de siembra y estanterías fabricadas con pallets en desuso, dejando el espacio listo para el inicio de la producción. La planificación continuará con la limpieza de los bancales de tierra junto a los estudiantes de la Escuela N.º 41, preparando el suelo para recibir los primeros plantines que darán vida al proyecto pedagógico. En definitiva, esta iniciativa del consorcio portuario no busca dejar un monumento de plástico olvidado en el patio, sino una herramienta viva y en pleno funcionamiento que le permita a las nuevas generaciones de Costa Bonita aprender el valor de la constancia, el cooperativismo y el respeto por la generosidad de nuestro suelo.

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