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La ley de propiedad privada perdió el capítulo de incendios en el Senado y solo quedan los desalojos

La Cámara alta le dio media sanción a la propuesta oficial, pero la oposición y los aliados frenaron los cambios en Manejo del Fuego. Crónica de una jornada de negociaciones donde el territorio impuso su propia lógica.

: Quienes peinamos canas y llevamos décadas contemplando los humedales del Paraná y los campos secos de nuestra pampa comprendemos que la tierra tiene tiempos que la política porteña suele ignorar. Las cosas de la producción y de la naturaleza no se resuelven con la prepotencia de un despacho ni con apuros legislativos. Esta madrugada, el Senado de la Nación volvió a recordar esa máxima cuando la mentada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada terminó convertida en una sombra de lo que pretendía ser.

El intento del Gobierno por retocar la Ley de Manejo del Fuego se ahogó en el recinto como un intento de contraataque sin mediocampo. Los senadores de las provincias con fuerte impronta agropecuaria e insular sabían que tocar esos plazos era jugar con fuego en territorio virgen. La norma del 2020 protege a la tierra productiva durante tres décadas y a los bosques nativos durante seis de la especulación inmobiliaria tras las llamas, un chaleco de fuerza que muchos en el interior consideran indispensable.

El trayecto hacia la votación venía cascoteado desde antes de abrir las puertas del recinto de la Cámara alta. El oficialismo ya había tenido que arriar la bandera de la extranjerización de tierras ante el reclamo firme de varios gobernadores. Ningún caudillo del interior, por más dialoguista que se declare, regala el mapa de su provincia ni permite que se desregule la compra de hectáreas en la frontera sin medir las consecuencias sobre la comunidad.

Cuando las papas quemaban en el debate, la impericia y los discursos destemplados terminaron de romper las filas de los aliados temporales. En política, como en el fútbol de los domingos, si le ponés el pie encima al compañero de equipo te quedás sin pase de gol. Las acusaciones dirigidas hacia los senadores de las provincias patagónicas y del norte fracturaron la endeble mayoría que el oficialismo había construido durante las semanas de verano.

Al final de la jornada, la iniciativa quedó reducida a menos de un tercio de su ambición inicial para conformar a las partes. Solo sobrevivieron los capítulos referidos a la agilización de los procesos de desalojo y al recorte de expropiaciones estatales. Son herramientas jurídicas orientadas más al cemento de la Capital Federal que a la realidad cotidiana de los caminos rurales, donde las diferencias se resuelven con vecinos y presencia territorial.

La mirada de la producción sabe que los capitales y la confianza en la tierra no nacen del apuro ni de la flexibilización de normas ambientales. Las verdaderas inversiones llegan al campo cuando hay previsibilidad, agua en los perfiles y reglas de juego estables en el tiempo. Querer vender campos desde un escritorio sin entender la idiosincrasia de la costa o del sudoeste bonaerense suele terminar en estas derrotas parlamentarias.

Ahora la pelota pasa al terreno de la Cámara de Diputados, donde el oficialismo intentará defender el texto desflecado que salió del Senado. Desde las tranqueras seguiremos atentos a un debate que demuestra que la tierra nacional no se remata de un plumazo. Habrá que ver si en la revisión los legisladores escuchan la voz del territorio o si la política sigue jugando su propio partido a espaldas del productor.

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