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La salud de los pibes de nuestros clubes en el centro de la escena: un compromiso que empieza en la cancha y sigue en la familia

El programa "Campeones Saludables" recorrió entidades deportivas de Necochea, La Dulce y Juan N. Fernández. Tras evaluar a 412 chicos junto a la Liga y el Puerto, la mirada está puesta en el acompañamiento médico que necesitan las familias de nuestros pueblos.

Quienes peinamos canas y llevamos una vida recorriendo las instituciones de nuestro distrito sabemos de sobra que el club de barrio es mucho más que una cancha de fútbol o un par de arcos pintados a la cal. Para los pibes de la zona, el vestuario es el lugar donde se aprende a compartir una camiseta, a respetar al rival y a construir amistades que duran toda la vida. Por eso, cuando el Consorcio de Gestión de Puerto Quequén y la Liga Necochea de Fútbol cruzaron las puertas de los clubes para revisar la salud de nuestros chicos, el operativo médico tocó una fibra muy sensible en la vida cotidiana de la comunidad.

A lo largo de dos jornadas de trabajo intenso, el programa “Campeones Saludables” pisó el césped y las sedes de Villa del Parque y el Club Huracán en la ciudad cabecera, pero también se tomó el trabajo de viajar hacia el interior profundo del municipio. Llegaron hasta Defensores en Juan N. Fernández y a Deportivo La Dulce, donde la tarea se trasladó a las instalaciones de la Unidad Sanitaria para abrirle los brazos a todos los vecinos. Como cuando un director técnico experimentado frena la práctica para corregir la postura de los juveniles antes del debut, los médicos evaluaron a 412 chicos de nuestro territorio.

Los números que devolvió la planilla al terminar el control nos obligan a mirar las cosas con la serenidad de los años, sin ponernos alarmistas pero con el compromiso de atender a los más chicos. En el desglose de los datos aparece que cuarenta y un chicos mostraron problemas en sus dientes, mientras que un número importante presentó señas de pie plano o variaciones en el peso corporal. En las charlas que uno sostiene a la salida de la cancha con los delegados, se subrayó la detección de doce casos con la presión baja y cuatro con valores altos, un dato no menor cuando los pibes dejan todo en cada pelota dividida.

La lista de los resultados también dejó al descubierto algunas dificultades en la vista, detalles en la piel, desviaciones en la columna y algunas particularidades en las ecografías del corazón en un grupo más reducido de participantes. Hay que ser justos y decir que estas cifras pertenecen únicamente al grupo que estuvo presente esos días y que ningún número representa por sí solo un diagnóstico definitivo para las familias, sino más bien un semáforo amarillo que se enciende a tiempo para cuidar la salud de la cantera.

Ahora viene la etapa más silenciosa pero decisiva de todo este partido, esa que no sale en las fotos ni en las publicaciones de las redes sociales. Saber que a un chico le cuesta ver de lejos o que necesita una plantilla en el calzado es solo la mitad del camino; la verdadera tarea pasa por acompañar a los padres para que consigan el turno médico y el tratamiento adecuado. Es en ese tramo donde la articulación entre el Puerto, los clubes y el sistema sanitario debe funcionar con la precisión de un equipo de memoria.

En el campo y en los pueblos del interior, donde las distancias a veces hacen que una consulta médica se posponga más de la cuenta, este tipo de presencias territoriales valen el doble. Medir es una buena manera de saber dónde estamos parados, pero la verdadera victoria se festeja cuando esos cuatrocientos doce chicos reciben la atención que merecen para seguir corriendo detrás de la pelota con la salud bien protegida. Habrá que seguir de cerca la evolución de estas historias para que el esfuerzo de la comunidad rinda sus mejores frutos.

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