Tres episodios de violencia urbana en una noche agitada: un auto robado, una amenaza en colectivo y una entradera a los tiros
En distintos puntos de la ciudad de Mar del Plata, la policía recuperó un auto robado y detuvo a un joven por encubrimiento; una mujer fue aprehendida tras amenazar con una cuchilla a un pasajero arriba de un colectivo; y una madre y su hijo terminaron baleados durante una violenta entradera en el barrio San Carlos. Tres hechos que muestran una postal repetida: la inseguridad jugando de local.

La noche del viernes dejó una seguidilla de episodios que, como un equipo que pierde la marca en todas las líneas, muestran cómo la inseguridad se mueve con demasiada comodidad por la ciudad. Tres hechos distintos, en tres barrios distintos, pero con un mismo hilo conductor: violencia, armas y vecinos que vuelven a mirar por la ventana antes de abrir la puerta.
El primero de los casos se dio en el barrio Las Heras, donde un allanamiento permitió recuperar un Ford Focus robado días atrás en Bronzini y San Lorenzo. La víctima había sido sorprendida por varios delincuentes que le arrebataron el auto en plena calle. A partir del trabajo del Gabinete Técnico Operativo de la comisaría cuarta —cámaras, relevamientos y el olfato policial que todavía vale— se reconstruyó el recorrido del vehículo hasta una vivienda de Benito Lynch al 9200. Allí detuvieron a un joven de 26 años acusado de encubrimiento. El fiscal Joaquín Morán ordenó su traslado a la Unidad Penal 44 de Batán, mientras la investigación sigue para dar con los autores del robo. Como en el fútbol: agarraron al que guardaba la pelota, pero los que la robaron siguen corriendo por la banda.
El segundo episodio ocurrió arriba de un colectivo interurbano, en pleno centro, pasada la medianoche. El chofer, en un gesto que mezcla oficio y desesperación, tocó bocina insistentemente al ver un patrullero. Cuando los efectivos se acercaron, el conductor contó que una pasajera había amenazado con una cuchilla a otro hombre. La mujer, de 54 años, viajaba acompañada por tres menores. Al descender, uno de ellos dejó caer una herramienta metálica tipo “yuga”, mientras los otros dos llevaban tijeras escolares escondidas entre la ropa. La víctima, un hombre de 31 años, relató que la agresora le apoyó el arma a la altura de las costillas y le ordenó quedarse quieto. La fiscal Mariana Baqueiro dispuso la aprehensión de la mujer por amenazas agravadas y el secuestro del cuchillo. Los menores fueron entregados a sus padres. Una escena que parece sacada de un cuento urbano de los 90, pero que ocurre hoy, en el corazón de la ciudad.
El tercer hecho fue el más grave. En el barrio San Carlos, una entradera terminó con una mujer de 52 años y su hijo de 20 baleados dentro de su propia casa. Según fuentes del caso, al menos dos delincuentes encapuchados irrumpieron en la vivienda de Laprida y Olavarría exigiendo una suma de dinero puntual. Hubo forcejeo, un disparo que impactó en la pantorrilla del joven y otro que hirió a la mujer en un pie. Los ladrones escaparon sin llevarse nada, posiblemente con apoyo de un tercer cómplice que hacía de campana. El SAME trasladó al joven al Hospital Privado de Comunidad, donde quedó internado y a la espera de una intervención quirúrgica. La fiscalía de Mariano Moyano ordenó relevamiento de cámaras y otras medidas para identificar a los agresores. Una entradera que, por fortuna, no terminó peor, pero que deja la sensación de que cualquiera puede ser el próximo.
Tres hechos en pocas horas. Tres barrios distintos. Tres maneras de mostrar que la inseguridad no afloja. Como un equipo que no encuentra el ritmo, la ciudad vuelve a quedar expuesta en cada pelota dividida. Y mientras tanto, los vecinos siguen esperando que alguien ordene la defensa.

