Violencia en los senderos de Paso Córdoba: cuando el avance de los caballos pisotea las reglas de la convivencia y la producción en el territorio rionegrino
La tradicional carrera Doble Apolo terminó empañada por un insólito ataque de jinetes a los corredores en el km 2 del circuito. Una jornada de zozobra en el suelo patagónico que nos recuerda que, cuando se pierde el respeto por el otro en el campo, el partido de la vecindad se termina perdiendo por goleada.

Hay cosas que a uno, con los inviernos que lleva encima contemplando el andar de los pueblos y las temporadas, le cuesta digerir. La Patagonia es una tierra de horizontes anchos, de pasto duro y de gente acostumbrada a capear el temporal con el lomo inclinado sobre el surco. El respeto por el vecino siempre fue una ley no escrita en el campo, tan sagrada como el cuidado del agua o la parición de la hacienda en los meses fríos. Por eso causa un dolor profundo enterarse de lo que pasó este domingo en Paso Córdoba, allá en General Roca, donde la tradicional carrera Doble Apolo terminó envuelta en un remolino de violencia y prepotencia que nada tiene que ver con nuestras costumbres rurales.
Resulta que en pleno kilómetro dos, cuando las piernas de los atletas recién empezaban a entrar en calor sobre la tierra suelta, un grupo de paisanos de a caballo se plantó en el camino. Lejos de mostrar la hospitalidad del hombre de campo, trancaron el paso con los pingos y empezaron a agredir a los corredores, exigiéndoles plata para dejarlos seguir viaje. Las imágenes que corrieron por las pantallas como reguero de pólvora muestran una escena bárbara, donde los rebenques se levantaron contra gente de a pie que solo iba a hacer deporte. En este partido de la convivencia, algunos entraron a la cancha a pegar de atrás y sin pelota, rompiendo una armonía territorial que costó años edificar entre el deporte y los pobladores del lugar.
Uno que anduvo registrando las alternativas de la prueba como camera runner no pudo ocultar su indignación ante semejante atropello en el sendero. “Esto jamás lo vi en mi vida y espero no verlo más; los lugareños atacaron violentamente a todos los corredores sin dejarlos pasar libremente”, relató el testigo con amargura. Es que la geografía de los valles rionegrinos pertenece a todos los que la cuidan y la producen, y no se puede alambrar el viento ni patotear al que pasa. La reacción fue desproporcionada, una avivada de boliche que mancha el uniforme del gauchaje genuino, ese que labura de sol a sol y sabe que la palabra y el respeto valen más que cualquier billete.
La gente del comité organizador, que lleva dieciocho años organizando esta travesía por las bardas y los cañadones, se movió rápido para que el asunto no quede en la nada. Este lunes se presentarán ante los tribunales con los papeles sobre la mesa, acompañados por los competidores y los funcionarios del municipio local. Explicaron que no entraron al territorio como intrusos, sino que pagaron cada uno de los permisos exigidos por Vialidad Rionegrina, el canon del Área Protegida y los respectivos adicionales policiales. Es una lástima que, teniendo todo en regla como manda la ley de la tierra, la jornada haya terminado en un corral de disputas y con la dotación policial desbordada.
La historia de la Doble Apolo tiene raíces largas en la región, pero las alertas venían encendiéndose en las últimas temporadas como helada tardía que avisa el daño. “Siempre recibimos amenazas antes del evento, pero ahora fueron más allá”, señalaron los organizadores con notable preocupación por el futuro de la prueba. La Justicia tendrá ahora la tarea de poner las cosas en su lugar e identificar a los jinetes que confundieron el territorio con un feudo propio. Ojalá que la cordura vuelva a reinar en los caminos de Paso Córdoba, para que el campo siga siendo ese espacio de producción y encuentro donde todos, paisanos y atletas, podamos compartir el mismo cielo.

