Villa Gesell marchó con fuerza por Ni Una Menos en una jornada marcada por el dolor, la memoria y el pedido de justicia
Una multitud volvió a movilizarse en Villa Gesell a 11 años del primer Ni Una Menos. El femicidio de Agostina Vega atravesó la jornada, que reunió a vecinas, organizaciones y autoridades locales. Hubo reclamos por más políticas de prevención y un fuerte llamado a sostener el compromiso colectivo.

Hay días en los que una ciudad respira distinto, como si el aire cargara una mezcla de bronca, tristeza y decisión. Este miércoles, Villa Gesell tuvo uno de esos días. Desde temprano, y casi sin que nadie lo ordenara, la gente empezó a llegar a la zona céntrica para sumarse a una nueva jornada de Ni Una Menos, once años después de aquel primer grito que sacudió al país. Y como en el fútbol cuando un equipo sale a la cancha sabiendo que juega un partido que no puede perder, la comunidad geselina se reunió con la convicción de que la lucha contra las violencias de género no admite distracciones ni tiempos extras.
La movilización estuvo atravesada por un dolor que todavía no encuentra consuelo: el femicidio de Agostina Vega, la niña de 14 años cuyo asesinato conmocionó a todo el país. Su nombre apareció en pancartas, en intervenciones artísticas y en las voces quebradas de quienes, al recordarla, pedían justicia y protección para todas las infancias. Fue, sin dudas, el eje emocional de la jornada.

La marcha reunió a vecinas y vecinos de todas las edades, organizaciones sociales, instituciones educativas, sindicatos, colectivos feministas y referentes comunitarios. La columna avanzó con paso firme, como esos equipos que saben que el rival es duro pero no imposible de vencer. Hubo cantos, abrazos, carteles violetas y una sensación compartida: la violencia machista sigue siendo una deuda que la sociedad y el Estado no pueden seguir pateando para adelante.
Entre quienes acompañaron la movilización estuvo la Secretaría de Políticas de Género y Juventudes, con la presencia de su titular, Bárbara Pérez, que participó del recorrido y del acto central. Desde el Municipio remarcaron la importancia de sostener políticas de prevención, asistencia y acompañamiento, y de fortalecer el trabajo articulado entre las distintas áreas del Estado y la comunidad. Porque, como en cualquier equipo que aspira a ganar un campeonato largo, no alcanza con una buena jugada aislada: hace falta constancia, estrategia y compromiso colectivo.
La jornada se desarrolló de manera pacífica y estuvo marcada por intervenciones artísticas, lecturas y expresiones que recordaron a las víctimas de femicidio y reafirmaron la vigencia del reclamo. Hubo quienes llevaron fotos de mujeres asesinadas, quienes marcharon con sus hijas e hijos, y quienes, aun sin conocer de cerca un caso, sintieron la necesidad de estar presentes. “No queremos más pibas muertas”, se escuchó varias veces, como un mantra que atraviesa generaciones.
A lo largo del recorrido, muchas voces coincidieron en que la violencia de género no es un problema aislado ni un rayo que cae de repente, sino un entramado cultural que se reproduce en silencios, complicidades y desigualdades. Y que para desarmarlo hace falta algo más que indignación: hace falta organización, políticas públicas sostenidas y una comunidad que no mire para otro lado. En términos futboleros, no se trata solo de marcar al delantero rival, sino de revisar todo el esquema táctico.
El acto de cierre dejó imágenes que quedarán grabadas: un minuto de silencio que pesó como una losa, abrazos entre desconocidas que compartían el mismo dolor, y la certeza de que la lucha sigue. Porque, como dicen las veteranas de la tribuna, los partidos importantes no se ganan en un solo día: se ganan volviendo, insistiendo, empujando.
Villa Gesell volvió a marchar. Y lo hizo con la fuerza de quienes saben que no hay justicia posible si no es colectiva. Ni una menos, ni una piba menos. Nunca más.

