El rugir de los motores en suelo alpino y la firme ilusión de un joven bonaerense
La octava fecha de la Fórmula 1 convoca a Franco Colapinto en el veloz y tradicional circuito de Spielberg, una parada de alta exigencia para seguir abriendo camino en el automovilismo grande.

El almanaque del deporte mecánico no sabe de pausas y, casi sin tiempo para sacarse el polvo del circuito de Barcelona, la máxima categoría del automovilismo mundial planta sus bártulos en los verdes y montañosos paisajes de Spielberg. Franco Colapinto ya trabaja junto a sus mecánicos en el asfalto del Red Bull Ring de Austria. Quienes sumamos varios años observando los vaivenes de nuestra querida tierra sabemos que cada circuito tiene su propia alma, su clima cambiante y sus mañas particulares. Este trazado alpino, rodeado de coníferas y nubes bajas, nos trae a la memoria las viejas épocas donde las manos del piloto pesaban tanto como el caballaje del motor, un escenario donde la templanza debe ser absoluta desde que se apagan las luces rojas hasta el banderazo final.
El pibe de Pilar viene haciendo sus primeras armas con una serenidad que asombra a los veteranos del ambiente en el exigente territorio internacional. Colapinto se presenta a esta octava cita de la temporada con 16 puntos en el bolsillo. En la última jornada en suelo catalán demostró que tiene paño para pararse de manos en la mitad de la cancha, cruzando la meta en un meritorio séptimo lugar tras batallar palmo a palmo. Una pena que el rigor de las autoridades técnicas le aplicara una recarga de diez segundos por no aflojar el paso ante una bandera amarilla en la pista. Eso lo retrasó al décimo escalón del clasificador, pero igual le alcanzó para rescatar un poroto valioso que apuntala el ánimo de todo el equipo de trabajo.
El dibujo de la pista austríaca es corto pero sumamente traicionero, parecido a esas canchas chicas de barrio donde te descuidás un segundo en la marca y el rival te define el partido de contragolpe. El circuito de Spielberg mide poco más de cuatro kilómetros y cuenta con apenas diez curvas. Sus extensas rectas obligan a llevar los motores al límite de sus posibilidades, mientras que los frenajes bruscos en subida demandan una precisión milimétrica para no terminar en la leca. No hay margen para la distracción en un suelo tan veloz, donde las diferencias en la jornada de clasificación del sábado se van a dirimir por un puñado de milésimas de segundo, dejando en claro que el que no calibra bien el andar se queda afuera de la foto antes de tiempo.
La transmisión de las alternativas obligará a los madrugadores de nuestro territorio a arrimar la pava temprano, rememorando aquellas mañanas radiales donde el país se paralizaba por sus ídolos en el exterior. Las pruebas libres del viernes levantaron el telón oficial en los boxes de la región de Estiria. El sábado será el momento de la verdad con la clasificación a las once de la mañana, la hora señalada donde se acomodan los naipes para la partida, mientras que la carrera dominical se largará a las diez. Es una linda oportunidad para que el conductor de nuestro suelo demuestre de qué madera está hecho en una geografía histórica que premia a los que saben cuidar los neumáticos sin perder la pisada en el pelotón.
Mientras tanto, en las posiciones de vanguardia la taba se está dando vuelta y los equipos más poderosos empiezan a mostrar los dientes para la etapa decisiva. El joven italiano Kimi Antonelli se mantiene firme en el liderazgo del campeonato al comando de su Mercedes. Sin embargo, el múltiple campeón Lewis Hamilton olió sangre tras el abandono del puntero en España y arrimó el bochín de manera notable con su recuperada Ferrari, quedando a tiro a solo 41 unidades de distancia. Ajeno a ese cabildeo de los grandes presupuestos, el chico de la provincia de Buenos Aires buscará enfocarse en su propio plan de vuelo, con la sana intención de exprimir cada rincón de su Alpine para regalarle una alegría a los seguidores que alientan a la distancia.

