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La Scaloneta plantó bandera: soberanía popular en Atlanta frente al silencio oficial y el enojo británico

Los futbolistas celebraron el triunfo ante Inglaterra con un trapo histórico de Malvinas hecho con una sábana de hotel. El gesto colectivo desautorizó el intento del gobierno de Milei por desactivar el reclamo soberano en pos de no incomodar a Londres.

Mientras las tribunas del Mercedes-Benz Stadium aún vibraban con el histórico cabezazo de Lautaro Martínez, los jugadores de la Selección argentina asestaron un golpe político y cultural de enorme magnitud simbólica. Sobre el verde césped de Atlanta, el plantel nacional desplegó una bandera con una leyenda inequívoca: “Las Malvinas son argentinas”. La potencia de esa imagen, capturada por los lentes de la prensa mundial y celebrada por millones en redes sociales, contrastó de manera directa con los denodados esfuerzos del gobierno de Javier Milei por invisibilizar el reclamo territorial en la antesala del partido.

La historia material del objeto refleja la espontaneidad y la picardía que caracterizan al sentimiento popular. Frente a las estrictas directivas de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, quien equiparó el reclamo constitucional de soberanía con “mensajes de odio” y coordinó restricciones para evitar que los hinchas ingresaran símbolos malvineros, la creatividad venció a la censura. Un grupo de hinchas improvisó la pancarta pintando las letras negras sobre una sábana de hotel. Tras el pitazo final, la tela voló desde la tribuna y cayó en el campo de juego, donde los futbolistas no dudaron en alzarla y exhibirla con orgullo ante las cámaras de todo el planeta.

El gesto provocó una airada reacción de la prensa sensacionalista inglesa, que tildó de “arrogancia” la actitud del seleccionado. A su vez, expuso la pasividad diplomática de la gestión nacional, signada por la admiración explícita del presidente Milei hacia Margaret Thatcher y la reciente inacción del Ministerio de Defensa ante la incursión de naves británicas en el Mar Argentino.

Para los dirigidos por Lionel Scaloni, el cruce contra el combinado británico estuvo lejos de ser un simple partido de fútbol. “Tratamos de dejarlo atrás, pero para nosotros era un partido especial”, admitió Lautaro Martínez. Por su parte, Leandro Paredes revalidó la consigna del trapo con una frase tajante al ser consultado en zona mixta: “Y siempre serán argentinas”. La determinación del plantel de asumir una postura soberana y popular en un escenario internacional operó como una contundente desautorización a la política exterior de desmalvinización que el oficialismo ensaya para complacer a las potencias anglosajonas.

La mística de la Selección nacional volvió a sintonizar con el sentir profundo de su pueblo. Lejos de la frialdad de los despachos oficiales y de las concesiones diplomáticas, once futbolistas con una sábana pintada de apuro recordaron en suelo norteamericano que la memoria de los caídos y la pertenencia de las islas son causas irrenunciables, inmunes a los intentos de disciplinamiento gubernamental y a las amenazas de sanción de los escritorios de la FIFA.

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