El peronismo reacomoda la tropa en la provincia: la voz de los intendentes y la fuerza que llega desde el territorio
Con referentes que van desde el conurbano hasta la costa atlántica y el sur bonaerense, un grupo de 11 jefes comunales se reunió con Kicillof en La Plata para reclamar un lugar central en el futuro de la gestión y las decisiones políticas.

Hay días en los que el movimiento en los pasillos de la Casa de Gobierno en La Plata se parece bastante al movimiento que se ve en las ferias rurales antes de una gran subasta. Se percibe en el ambiente esa necesidad de acomodar los tantos, de ver quién tiene los animales bien alimentados y quién está dispuesto a sentarse a conversar antes de que empiece la contienda principal. Este lunes se formalizó la reunión de 11 intendentes con el gobernador Axel Kicillof para marcar una postura propia en el peronismo provincial.
Uno que lleva décadas observando la política de esta provincia sabe que las grandes construcciones raras veces nacen en los escritorios porteños; más bien se van moldeando al calor de la gestión de todos los días. En esta oportunidad, intendentes del Gran Buenos Aires como los de Lomas de Zamora, San Vicente, Ezeiza, Pilar, Moreno, Cañuelas y Merlo se sumaron a la mesa de trabajo. El espacio suma el aire fresco del interior con jefes comunales que caminan las calles de Dolores, Bahía Blanca, Monte Hermoso y La Costa.
El territorio bonaerense es extenso y heterogéneo, y cada distrito tiene su propia dinámica, sus costumbres y sus urgencias productivas. No es lo mismo resolver las demandas de los centros urbanos más poblados que atender las necesidades del productor que se acerca al municipio a pedir por los caminos rurales tras un temporal. Los intendentes reclaman que quien aspire a conducir la provincia debe conocer de primera mano el barro, la siembra y el esfuerzo cotidiano de los bonaerenses.
En la extensa charla de tres horas en La Plata no solo se habló de las cuentas apretadas y del impacto del ajuste en los pueblos, sino también de las reglas que ordenan el juego político. Defender las elecciones primarias es para este grupo una manera de garantizar que la cancha esté pareja y que el vecino tenga la última palabra al elegir candidatos. Como en cualquier torneo de liga, las reglas claras evitan las discusiones de vestuario y permiten que el resultado sea legitimado por la gente.
Durante las últimas temporadas el peronismo bonaerense se fue dividiendo en quintas bien marcadas, y cuando el equipo no juega en bloque los resultados se sufren en toda la cancha. Por eso estos 11 dirigentes buscan tender puentes con todos los sectores, manteniendo buen diálogo con la conducción provincial y recorriendo las oficinas del peronismo sin cerrar la puerta a nadie. La experiencia enseña que en los momentos difíciles el consenso no es una debilidad sino la única forma de sostener la estructura.
También asomó en la conversación un tema que toca de cerca la continuidad de los proyectos locales: la discusión sobre las reelecciones en las intendencias. Aquellos que conocen el ritmo de un pueblo saben que levantar una obra pública, acondicionar los accesos o consolidar un parque industrial lleva mucho más tiempo que un simple período de cuatro años. El respaldo del gobernador para revisar este esquema cayó bien entre quienes deben dar la cara a diario frente al vecino.
Por estos días el grupo prepara un documento fundacional mientras el invierno va marcando el ritmo en las sierras, la costa y la pampa húmeda. La política, al igual que el trabajo en el campo, requiere paciencia, previsibilidad y un profundo respeto por la tierra que se pisa. La Liga de Intendentes echa a andar sus primeras fichas con la certeza de que el futuro provincial debe construirse desde abajo hacia arriba.

