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Ruedan la pelota y el calendario: cómo se juega la quinta fecha en una geografía futbolera que no descansa

Desde el cemento de Avellaneda hasta la cordillera mendocina, el fútbol argentino despliega una nueva jornada. Entre clásicos de barrio, viajes de cabotaje y pasiones de provincia, el Torneo Clausura acomoda sus fichas en el mapa.

Hay algo en el rito del calendario futbolero que se parece bastante a las labores del campo: cuando la siembra empieza, no se interrumpe por el clima ni por los ánimos. Esta quinta fecha del Torneo Clausura arranca un viernes por la noche en la cuna de Avellaneda, allí donde la brisa del Riachuelo suele traer ese frío seco que se mete entre las tribunas. Racing y Banfield abren la ventana del fin de semana con la urgencia tibia de los primeros puntos.

El sábado la pelota rodará por distintas geografías, como cuando uno recorre las rutas provinciales esquivando las horas de más calor. En el Puerto de Mar del Plata, Aldosivi recibe a Tigre con el aroma a salitre colándose por la bajada de la costa, mientras en el Bajo Flores San Lorenzo vuelve a verse las caras con los suyos. Un golpe en el clásico siempre deja marcas, como esas granizadas bravas que arruinan la cosecha de la temporada.

Un poco más al norte, sobre la pampa húmeda, La Plata paraliza su ritmo cotidiano para disputar ese partido que divide las veredas desde hace más de un siglo. Estudiantes y Gimnasia vuelven a cruzarse en el bosque con realidades distintas pero la misma necesidad de no ceder terreno en la querella local. El fútbol en el interior bonaerense conserva esa vigencia donde una victoria paga las penas de todo el año. La tarde sabatina irá buscando su sombra en el Coloso del Parque rosarino y en la docta cordobesa, para terminar al filo de la noche en Vicente López, con el suelo caluroso a la vera de la avenida General Paz donde Boca visitará a Platense.

El domingo la caravana cruza distancias más anchas, tocando el verde de Junín con el choque entre Sarmiento y Huracán, para luego concentrar las miradas en Núñez. El millonario busca enderezar el rumbo de su barco frente a un Argentinos Juniors que marcha puntero e imperturbable. Ya cuando el sol empiece a caer sobre el país, la pelota viajará hasta el norte santiagueño donde Central Córdoba recibe a Instituto, a la par que en el Gran Buenos Aires Rosario Central mide sus fuerzas ante Barracas.

Para el lunes queda el epílogo, esos partidos que se juegan cuando la semana laboral ya ha vuelto a arrancar y los radios de los camiones van encendidos por la ruta. En el sur bonaerense, Lanús e Independiente jugarán en soledad en las tribunas visitantes, demostrando que a veces la prudencia le gana el tirón a la fiesta del folklore popular. Las medidas de prevención terminan achicando el marco que siempre distinguió a nuestro fútbol de potrero.

El cierre federal se dará bien al pie de la cordillera, allá en Cuyo, donde Gimnasia de Mendoza pondrá a prueba su buen momento frente al Talleres cordobés bajo el viento andino. Así se va consumiendo otra fecha en esta geografía extensa, donde cada pueblo y cada ciudad encuentra en la pelota su forma más antigua de medir el tiempo. Cuando el árbitro marque el final en Mendoza, la máquina del campeonato ya estará pensando en el próximo cuadro.

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