Sombras sobre el coloso de la costa: la trastienda judicial de la concesión del Estadio Minella en Mar del Plata
Entre carpetas técnicas, bancos del exterior y la brisa marina del Parque de los Deportes, una ampliación de denuncia penal vuelve a poner bajo la lupa los controles del municipio marplatense sobre su predio más emblemático.

En las ciudades con mar, las estructuras de cemento sufren el paso del tiempo con la misma terquedad con que la marea muerde los acantilados. El Estadio José María Minella, allá en el Parque de los Deportes marplatense, sabe de glorias pasadas, de tardes de sol estival con las tribunas repletas y de un deterioro que se fue acumulando como el salitre en las chapas. Hoy, ese predio tan ligado al verano y al deporte nacional vuelve a ser noticia, no por un evento deportivo, sino por los papeles arrugados de una causa judicial que suma folios en la fiscalía local. La ONG Mirada Ciudadana presentó un escrito técnico para ampliar la denuncia por presuntas irregularidades en la concesión del predio.
Quienes peinan canas en el periodismo y conocen el paño de las contrataciones públicas saben que los tiempos administrativos suelen ser un partido largo, donde cada movimiento en el boletín oficial equivale a un pase en mitad de cancha. En esta oportunidad, los denunciantes marcan que la empresa adjudicataria, Minella Stadium S.A., se fundó en los papeles apenas ocho días antes de que el Concejo Deliberante votara la autorización de la licitación allá por diciembre de 2024. Las fechas del expediente parecen correr más rápido que un puntero mañero por la banda derecha.
El asunto adquiere un tono más complejo cuando la mirada se posa en los avales financieros traídos desde el extranjero para garantizar los arreglos de las tribunas. La empresa ganadora presentó cartas de crédito de un banco brasileño dictadas meses antes de que la propia sociedad existiera en los registros oficiales. El banco emisor de las garantías se encuentra hoy bajo la lupa de la justicia del país vecino por maniobras de lavado de dinero.
A la hora de medir la experiencia en la cancha, los papeles mostrados para acreditar el manejo de grandes estadios en América del Sur resultaron ser, según la denuncia, maquetas digitales y convenios de intención. En la tribuna de las decisiones, sin embargo, la comisión evaluadora le otorgó el puntaje máximo a la propuesta, dejando de lado las advertencias sobre la falta de capital integrado al momento de la firma. En el fútbol como en los negocios de Estado, no es lo mismo mostrar la chapa que salir a jugar el partido.
Incluso después de la toma de posesión, el Ente Municipal de Deportes notó desajustes en las pólizas de seguro contra derrumbes o avalanchas, un tema sensible para cualquier estadio que pretenda albergar multitudes. Para colmo de males, el pliego dejó atado cualquier conflicto futuro a los tribunales internacionales del CIADI, lo que pone a la comuna en una posición incómoda ante cualquier intento de revisión. Las cláusulas internacionales suelen ser como esos contratos leoninos que atan a los clubes de barrio por varias temporadas.
La justicia marplatense tiene ahora la tarea de desbrozar el pasto y revisar si estas faltas en los controles fueron descuidos de la burocracia local o si esconden responsabilidades penales más severas. Mientras tanto, el estadio sigue allí, de cara al viento atlántico, esperando que las promesas de cemento y las firmas en los despachos se traduzcan en tranquilidad para la comunidad. El tiempo dirá si la concesión del Minella encuentra curso claro o si queda enredada en la marea judicial.
