Cálculos de trilla en los pasillos de Balcarce 50: el debate por las PASO entre la volatilidad y el territorio
Como quien mira el cielo antes de sembrar, el Gobierno mide los vientos para decidir si mantiene o levanta los alambrados de las primarias en un escenario donde cada voto cuenta para la cosecha de octubre.
En la política, como en las madrugadas de campo, el tiempo no siempre lo marca el reloj sino el estado del camino. Por estas horas, en los despachos donde se toman las decisiones gruesas de la Casa Rosada, se conversa con la pausa de quien sabe que una mala maniobra con la maquinaria puede dejar la cosecha a medio hacer. Hay una parte del equipo que pide no apurar los tractores e ir despacio antes de voltear las PASO. La discusión no es menor: implica decidir si el año que viene se sale a la cancha con un esquema que ordene las fichas o si se juega a suerte y verdad en noventa minutos directos.
El Presidente mira el tablero con la ansiedad del hincha que quiere definir el partido rápido para evitar el sufrimiento del alargue. Su preocupación principal es evitar que el mercado se ponga nervioso durante una transición larga entre agosto y noviembre. Ya le tocó ver cómo la hacienda y los valores se desacomodan cuando la incertidumbre electoral gana la calle. Por eso prefiere achicar el calendario, recortar los gastos de la política y evitar que el ruido económico arruine el trabajo que viene haciendo en la economía diaria.
Pero abajo, donde se embarran los botines y se conoce la dinámica del territorio, no todos ven el panorama con la misma claridad. Dirigentes con recorrido advierten que ir directo a la primera vuelta es como jugar un clásico sin banco de suplentes. Les preocupa que la fragmentación de ofertas por afuera les termine comiendo dos o tres puntos en cada pueblo, suficiente para forzar una definición que nadie desea. En el interior, donde cada intendencia y cada departamento cuenta, la contención que da la primaria permite que los leones terminen tirando para el mismo lado cuando llega la hora de la verdad.
El Jefe de Gabinete camina las provincias con paciencia de chacra, tratando de convencer a los gobernadores de que no hay peligro en la jugada. En sus oficinas confían en que las candidaturas de oportunidad se van a terminar desinflando antes de la largada. Sin embargo, los socios del PRO y de la UCR prefieren guardarse el pase en el bolsillo y no firman nada a primera hora. Saben que en la negociación por las obras para el pago y la coparticipación, el voto en el Senado vale como quintal de soja en época de sequía.
Mientras el proyecto duerme en alguna carpeta de la Cámara Alta, el verano avanza y los tiempos para mover las fichas se van acortando. En los pasillos de Balcarce 50 ya no descartan que la reforma profunda quede para después y solo se apruebe una suspensión. Son los vaivenes clásicos de la política argentina, donde se entra a la cancha con un esquema de juego pensado en la semana, pero la realidad del territorio te obliga a cambiar los nombres antes de que el árbitro toque el silbato inicial.

