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Sin pedidos en el taller ni movimiento en la ruta: el cese de una confección textil que impacta en el territorio bonaerense

Entre la calma de las naves de General Pacheco y el silencio productivo a la vera de la Ruta 3 en Las Flores, el cierre de la fábrica Will Der deja al descubierto las dificultades de la confección nacional ante los cambios del mercado.

Hay mañanas en el interior donde el silencio pesa más de la cuenta, como cuando se suspende la fecha de la liga local por la lluvia y la cancha queda vacía a mitad de la tarde. En la planta que la firma Will Der tiene a la vera de la Ruta Nacional 3, en Las Flores, y en sus galpones de General Pacheco, el movimiento de los turnos se detuvo de golpe. Las máquinas de costura quedaron apagadas en una región donde la industria textil suele ser el sostén cotidiano de decenas de familias.

Los dueños del establecimiento, entre ellos el exintegrante del seleccionado de rugby Santiago Phelan y su socio Armando Anasal, les explicaron a los trabajadores que la falta de órdenes de trabajo volvía inviable mantener levantada la persiana. Durante medio siglo, por esos mesones pasaron las telas y las prendas de marcas de primera línea como Adidas, Puma, Fila o New Balance, que llegaban a los negocios de las ciudades y a las vidrieras de la costa atlántica durante la temporada de verano.

Sin embargo, el ritmo productivo empezó a mermar hasta llegar a un punto donde los números dejaron de cerrar. “En los talleres del sector afirman que la capacidad instalada cayó al 42 por ciento, dejando más de la mitad del equipo detenido”, advierten los registros de las entidades del rubro.

Cuando el consumo afloja en las ciudades, el golpe retumba primero en los talleres del conurbano y luego viaja por la ruta hasta los Parques Industriales del interior bonaerense. La combinación de ventas caídas, cobros con cheques diferidos a cinco meses y una mayor presencia de ropa confeccionada en el exterior terminó por desgastar el resto de la empresa. “El panorama que viene es difícil porque no hay trabajo en la calle para sostener esta estructura”, comentó Phelan durante el encuentro con su personal.

El impacto de estas decisiones se siente con fuerza en las comunidades pequeñas, donde perder un puesto de trabajo en la fábrica local no es solo un dato estadístico, sino un vecino menos que pasa por el almacén o la panadería. En el caso de Las Flores, la dotación que a fines del año pasado superaba los cien operarios fue achicándose hasta este desenlace. “Los registros del sector fabril estiman en más de 25.000 las bajas laborales en el rubro textil durante los últimos tiempos”, señalan las fuentes del territorio.

Como ocurre en cualquier vestuario cuando las cosas no salen en la cancha, las explicaciones ante los empleados dejaron momentos de amargura y reproches hacia el rumbo económico general. La actividad industrial en la provincia de Buenos Aires requiere de un flujo constante para que la maquinaria no se enfríe, y cuando las marcas dejan de pedir reposición de prendas, la cadena se corta por el eslabón más delgado.

El verano avanza, las persianas de Pacheco y Las Flores permanecen bajas y el debate sobre cómo equilibrar la producción nacional frente a las compras externas continúa en las mesas de trabajo. El tiempo dirá cómo se reordenan las familias de los 120 trabajadores afectados mientras aguardan la resolución de sus liquidaciones formales.

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