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Entre el calor del Norte y el frío del sudoeste bonaerense: la puja por la energía en el mapa de las tarifas

Mientras en la Casa Rosada se discute el costo de la luz para las provincias norteñas, en los pueblos del interior bonaerense se mira con preocupación la posibilidad de perder los descuentos al gas justo cuando el invierno exige mantener encendidas las estufas.

En el interior bonaerense, donde los vientos del sur se sienten con fuerza cuando entra la temporada fría, la preocupación por los costos de la energía volvió al centro de las conversaciones en el almacén de campo y la cooperativa. La discusión que se lleva adelante en Balcarce 50 propone un trueque que condiciona los números de casi un millón y medio de familias. Por un lado, se buscan los votos de los gobernadores del Norte Grande para aliviar la luz estival; por el otro, se evalúa recortar el beneficio que amortigua las boletas de gas en el centro y sur de la provincia.

La jugada política tiene la dinámica de un partido donde se cambia de frente de improviso. El jefe de Gabinete se sentó a negociar con los caciques del NEA y NOA la creación de la llamada “zona cálida” para subsidiar la electricidad en los meses de mayor calor. Pero la moneda de cambio de esa negociación afecta de manera directa a los distritos bonaerenses que necesitan del gas para atravesar los meses de heladas, un reclamo histórico de las localidades que sufren amplitudes térmicas severas.

En territorio bonaerense son 94 los municipios que están bajo el amparo de la Ley de Zona Fría, abarcando a más de un millón doscientos mil hogares. En localidades de la Pampa Húmeda y el sudoeste provincial la quita de estos descuentos significaría un golpe directo al bolsillo cotidiano. La diferencia en las boletas podría representar subas de entre el 40 y el 100 por ciento, en un contexto donde los costos de la producción y el mantenimiento de las viviendas rurales ya vienen ajustados.

Frente a esta posibilidad, en varios distritos del interior ya se empezaron a mover las fichas para frenar la iniciativa. Los jefes comunitarios y las entidades locales juntan firmas para pedir que se mantengan las exenciones tarifarias. Saben que en las pequeñas comunidades un aumento de esa magnitud en los servicios públicos se traslada directo a la caída de las ventas del comercio de cercanía y afecta el consumo básico de las familias de la zona.

El tablero nacional muestra así dos realidades térmicas contrapuestas negociadas en el mismo despacho. En el Norte piden tarifa diferencial para los acondicionadores de aire y en el sur bonaerense reclaman sostener la ayuda para la calefacción. Las diferencias políticas y geográficas vuelven a cruzar los intereses del mapa productivo, dejando a los municipios del interior a la espera de definiciones que vendrán del Senado nacional.

Habrá que ver cómo se acomodan las piezas antes de que el almanaque marque los cambios de estación. El equilibrio entre los reclamos del Norte y las necesidades de la provincia determinará quiénes terminan pagando el costo real de la energía. Como sucede habitualmente en las negociaciones de fondo, los números se definen a cientos de kilómetros, pero el impacto se siente en el medidor de cada hogar

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