Entre tranqueras e impuestos: la enorme brecha del Inmobiliario Rural que deja al campo bonaerense jugando en otra cancha
Un informe divulgado por La Tecla refleja cómo la carga tributaria en la provincia de Buenos Aires multiplica varias veces la de Santa Fe y Córdoba, abriendo una profunda grieta en la economía de la tierra.

Caminar la tierra en el interior bonaerense siempre fue cuestión de mirar al cielo y medir los tiempos de las cosechas, pero por estos días las preocupaciones pasan por las hojas que llegan con las boletas del fisco. Un pormenorizado estudio de la consultora Inteligencia Comparativa para del Desarrollo, puesto sobre la mesa por La Tecla, vuelve a poner en evidencia las asimetrías impositivas que soporta el campo de nuestra provincia frente a los productores vecinos.
A la hora de sacar cuentas en la libreta del mostrador, la diferencia abruma como un partido donde un equipo arranca con dos goles en contra antes del pitazo inicial. Para una parcela tipo de 100 hectáreas en suelo bonaerense, el costo anual del Impuesto Inmobiliario Rural escala hasta los $8.900.000, una marca que encabeza la tabla impositiva del país.
Cruzando los límites provinciales, la historia y la billetera cantan otro cantar bastante más sereno. En las pampas cordobesas ese mismo pedazo de tierra tributa $690.000 al año gracias a los topes normativos, mientras que en los pagos santafesinos la factura llega apenas a los $630.000 anuales.
La explicación de semejante distancia no está en la fertilidad del rastrojo ni en los rumbos del clima, sino en los criterios que maneja cada administración provincial. En el territorio bonaerense la valuación se calcula sobre bases reajustadas al pulso del mercado actual, mientras que en Santa Fe los aumentos corren congelados por ley y en Córdoba se fijó una actualización moderada.
Al final del día, cuando el productor hace balance de lo producido en la campaña, la incidencia del tributo cala hondo en la economía familiar. Mientras en Buenos Aires el impuesto se traga un 11,54% de los ingresos de la explotación, en la vereda de enfrente apenas representa el 1,02% en Córdoba y un modesto 0,93% en suelo santafesino.
Desde los mostradores de las entidades rurales, las voces de alerta no tardaron en hacerse oír con la fuerza de quienes conocen el barro de las picadas. Ignacio Kovarsky, referente con rodaje en las filas de CARBAP, advirtió que la presión acumulada entre cuotas del inmobiliario e Ingresos Brutos ahoga la capacidad de reasfaltar el camino productivo.
Entre los insumos internacionales por las nubes y la carga fiscal propia, la producción local siente que corre con la cancha inclinada frente a los competidores de la región. Queda picando en la conciencia del territorio la necesidad de revisar los números para que el hombre de campo vuelva a enfocarse en sembrar y no solo en amortiguar el impacto del fisco.
