De la cancha al libro de actas: cuando la salud de los chicos se juega en el pasto de Necochea y la región
Entre la pelota que rueda y las tardes de entrenamiento en los clubes de barrio, un programa territorial le pone números y mirada preventiva a la realidad de los pibes en la costa y el campo bonaerense.

Quienes llevamos caminados unos cuantos domingos por las canchas del interior sabemos que el club de barrio es bastante más que noventa minutos de fútbol. En los mostradores de los buffet y en el pasto de Necochea se teje la vida misma de las familias y se aprende a mirar la realidad del pueblo. Por eso, cuando me enteré de los avances de esta segunda etapa del subprograma Campeones Saludables que impulsa Puerto Ciudad junto a la Liga local, sentí que por fin se ponía la pelota al piso en un tema donde no se puede improvisar.
En esta oportunidad, el relevamiento de salud le tocó a unos 370 chicos de las inferiores de Gimnasia, Mataderos y Rivadavia. Esta cifra se suma a los 400 pibes que ya habían pasado por las planillas unas semanas atrás, armando un mapa de situación que empieza a dar que hablar. Uno que vio pasar tantas generaciones de deportistas sabe que el estado físico de la muchachada es el fiel reflejo de cómo viene la mano en el hogar y en la mesa de cada día.
El dato que más llamó la atención de los profesionales indica que un 25 por ciento de los pibes padece problemas dentales. Además de la boca, los médicos anotaron cuadros de bajo peso y sobrepeso, temas de presión arterial, frecuencia cardíaca, visión, pie plano, escoliosis y algunas marcas en la piel. Son alertas que el médico de campo o el viejo dirigente saben detectar al vuelo, pero que puestas en el papel adquieren un peso muy distinto para saber dónde hay que apretar la marca.
Las autoridades aclararon con tino que estos análisis no son sentencias definitivas sino llamados de atención para la familia. Como en el fútbol de antes, donde el ojo del entrenador descubría quién no había comido bien antes de salir a la cancha, este fichaje sanitario aporta información para saber dónde actuar. Un mismo pibe puede tener más de un detalle para corregir, y reconocerlo a tiempo es la mejor manera de no regalar el partido antes de que empiece la competencia.
Ahí radica el valor del territorio, cuando las instituciones del puerto, la Liga y los clubes abren las puertas de sus vestuarios. En lugar de esperar a que los vecinos hagan colas en los hospitales del centro, la prevención camina las calles de tierra y se sienta en el banco de suplentes donde los chicos entrenan. Es una forma de construir comunidad que recuerda a aquellas viejas jornadas comunitarias donde el pueblo entero se organizaba para cuidar a los suyos.
El plan de trabajo se va a estirar durante los próximos meses casi hasta fin de año, llegando a distritos vecinos. En la agenda ya figuran las instituciones de Lobería y San Cayetano, ampliando la mirada hacia el corazón productivo de nuestra región. Porque el sudoeste bonaerense es uno solo, y tanto el pibe que corre en la costa como el que se cría entre los rastrojos del campo necesitan las mismas oportunidades para crecer sanos y fuertes.
Tener datos claros y sostenidos en el tiempo es la única forma seria de planificar el futuro sin andar adivinando a ciegas. Sacar una foto del momento ayuda a salir del paso, pero sostener el trabajo en el tiempo es lo que permite entender de verdad la tierra que pisamos. Cuando la información se convierte en prevención en las canchas de nuestro sudoeste, ganan los chicos, ganan las familias y gana el futuro de toda la región.
