Entre el calor del Norte y el frío del recinto: la rosca energética busca conciliar las planillas con el mapa del país
El Gobierno nacional ensaya un contrapeso de tarifas entre las regiones cálidas y el régimen de zonas frías para destrabar el Senado. Un repaso reflexivo sobre los costos, la producción, el territorio y las siempre complejas cuentas del Estado cuando aprieta el bolsillo.

Quienes peinamos canas y llevamos décadas recorriendo las provincias sabemos que la energía en la Argentina nunca fue solo una cuestión de números en una planilla Excel. En el interior del país, encender la estufa en invierno o la ventilación en verano define la economía del hogar y el ritmo de la producción. Ahora, desde las oficinas de la Casa Rosada buscan equilibrar una balanza siempre delicada, otorgando un alivio estival al Norte Grande mientras intentan recortar los subsidios al gas en el resto del mapa.
El entendimiento con los gobernadores norteños prevé un incremento sustancial en las cuotas de consumo eléctrico subsidiado para los meses de mayor calor. Entre noviembre y abril, los hogares de las regiones catalogadas como muy cálidas verán subir el techo con descuento de 300 a 550 kWh, mientras que en las zonas cálidas el límite escalará de 150 a 300 kWh. Fue una negociación trabajada en silencio por funcionarios nacionales junto a los gobernadores Raúl Jalil, Gustavo Sáenz, Leandro Zdero, Carlos Sadir y Juan Pablo Valdés, acompañados por sus respectivos equipos técnicos.
Sin embargo, la garantía acordada no saldrá por ley del Congreso sino mediante una resolución del Poder Ejecutivo. Esta vía corta dejó un gusto a poco entre varios mandatarios provinciales, que reclamaban una norma definitiva para no quedar expuestos a los vaivenes políticos del futuro. En la cancha de la política, como en la del fútbol de antes, un centro por resolución es bienvenido para salir del paso, pero los directores técnicos del interior prefieren siempre el contrato firmado a largo plazo.
La jugada de fondo apunta a que este guiño al norte facilite el poroteo de votos en el Senado para tocar el régimen de Zonas Frías. El proyecto, que ya cuenta con la aprobación previa de la Cámara de Diputados, busca volver a concentrar el descuento automático del gas en la Patagonia, el departamento mendocino de Malargüe y la Puna. Para las vastas zonas de Mendoza, Santa Fe, Córdoba y la provincia de Buenos Aires incorporadas en 2021, la asistencia estatal quedaría limitada únicamente a los hogares que acrediten vulnerabilidad.
Los números que manejan en el Ministerio de Economía marcan un contraste contundente sobre las cuentas fiscales. Por un lado, recortar la cobertura amplia de gas significaría un ahorro estimado en unos 272.000 millones de pesos al año. Por el otro, sostener el alivio eléctrico de verano en las provincias norteñas demandará una erogación presupuestaria de entre 71 y 95 millones de dólares anuales.
El inconveniente para el oficialismo reside en la resistencia que se cocina en las provincias del centro y de la cordillera. Representantes de Mendoza, Santa Fe, Córdoba y Neuquén ven con seria preocupación el impacto que el sobrecosto del gas puede tener sobre sus comunidades y sobre los talleres e industrias locales. En esos distritos, perder la cobertura automática no es un detalle menor; es una factura más pesada para la producción regional cuando el frío no da tregua.
Con la contabilidad en la mano y los votos justos, la conducción política del proyecto quedó en manos de la ministra Patricia Bullrich. El Gobierno aún no le puso fecha al debate en el recinto para no arriesgar un tropezón parlamentario mientras negocia pieza por pieza con los bloques provinciales. En el medio se cruzan además las tensiones internas en el oficialismo, recordando que en la política nacional ningún partido se gana antes de escuchar el pitazo final.
